Categoría: Política

  • El Gobierno de ultraderecha pretende eliminar los contrapesos administrativos y políticos

    El Gobierno de ultraderecha pretende eliminar los contrapesos administrativos y políticos

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    Una democracia no consiste en que quien gana una elección pueda hacer todo lo que quiera. También necesita organismos autónomos que controlen al poder, revisen la legalidad de sus decisiones y protejan los derechos de quienes no forman parte de la mayoría gobernante.

    Sin embargo, el Gobierno de José Antonio Kast y las voces más radicales de su sector parecen tener una particular concepción de la institucionalidad: los organismos sirven solamente mientras no contradigan al Ejecutivo.

    Cuando la Contraloría General de la República fiscaliza al Gobierno, exige el cumplimiento de las normas de probidad o cuestiona la legalidad de una actuación administrativa, inmediatamente aparecen voces que buscan desacreditarla, reducir sus atribuciones o presentar su trabajo como una interferencia política. Pero la Contraloría no es enemiga del Gobierno: es el órgano constitucional encargado de controlar la legalidad de los actos de la Administración. Durante marzo, incluso reforzó las instrucciones sobre conflictos de interés, abstención y declaraciones patrimoniales dirigidas al nuevo gabinete.

    Cuando el Tribunal Constitucional declara que una propuesta gubernamental vulnera la Constitución, tampoco se acepta el fallo como parte normal del sistema democrático.

    Tras el revés sufrido por artículos del proyecto denominado Escuelas Protegidas, volvieron los cuestionamientos contra el Tribunal y las acusaciones de que actuaría como una “tercera cámara”. Su propia presidenta debió recordar algo elemental: el TC no es un actor político, sino un tribunal encargado de resguardar la supremacía constitucional, incluso cuando una mayoría circunstancial pueda equivocarse.

    Ahora ocurre algo parecido con el Instituto Nacional de Derechos Humanos.
    Desde sectores de la ultraderecha se insiste en que debería cerrarse porque supuestamente “no sirve para nada”, mientras otras propuestas buscan reformarlo, debilitar su autonomía o limitar sus capacidades. El INDH puede ser criticado y perfeccionado, como cualquier institución pública, pero eliminarlo significaría suprimir uno de los pocos organismos autónomos encargados de observar las actuaciones del Estado y advertir posibles vulneraciones de derechos fundamentales.

    Y no es casual que estas críticas aumenten cuando el Instituto cuestiona proyectos del Gobierno.

    En julio, por ejemplo, el INDH presentó observaciones al proyecto que crea un Registro Nacional de Actos Vandálicos e Incivilidades, advirtiendo problemas relacionados con la legalidad, la proporcionalidad, la no discriminación y la eventual pérdida de beneficios sociales.

    El patrón comienza a ser evidente:
    Cuando la Contraloría controla, se cuestionan sus facultades.
    Cuando el Tribunal Constitucional declara una norma contraria a la Carta Fundamental, se acusa al Tribunal de intervenir políticamente.

    Cuando el INDH advierte sobre posibles vulneraciones, se propone reformarlo, quitarle recursos o directamente eliminarlo.

    Cuando una institución independiente contradice al Gobierno, la respuesta no parece ser corregir la decisión cuestionada, sino atacar al organismo que cumplió con su deber.
    Los contrapesos institucionales no fueron creados para aplaudir a los gobernantes. Existen precisamente para incomodarlos, fiscalizarlos y recordarles que el poder tiene límites.

    Un Gobierno verdaderamente democrático y liberal respeta la división de poderes, la autonomía de los organismos fiscalizadores y los derechos de las minorías. Quien solamente acepta las instituciones cuando le dan la razón no está defendiendo la democracia: está buscando gobernar sin controles.

    Por eso, de ultraderecha pueden tenerlo todo; pero de liberales, al parecer, no tienen nada.
    Porque ser liberal no es solamente pedir libertad económica para los grandes capitales. También significa respetar la libertad política, la institucionalidad, los derechos fundamentales y el derecho de los organismos autónomos a decirle

  • KAST: 55% DE RECHAZO Y LA SALA DE SEGURIDAD SIGUE EN LA SALA DE ESPERA

    KAST: 55% DE RECHAZO Y LA SALA DE SEGURIDAD SIGUE EN LA SALA DE ESPERA

    La última Agenda Criteria, publicada este 2 de agosto, muestra que la aprobación del gobierno de José Antonio Kast cayó por segunda semana consecutiva y llegó apenas al 34%.
    La desaprobación, en cambio, subió al 55%, mientras un 11% no sabe o no responde.

    El resultado no parece una casualidad.
    El Presidente que prometió recuperar las calles y devolverles la tranquilidad a las familias se acerca a sus primeros cinco meses en La Moneda —todavía no se cumplen seis— y la ciudadanía continúa esperando que el anunciado plan de seguridad abandone los discursos, las ceremonias y las diapositivas para comenzar a sentirse en los barrios.

    El Gobierno presentó en junio un plan operativo con 65 medidas, intervención en barrios prioritarios y fuerzas de tarea contra el crimen organizado.

    Sin embargo, entre anunciar una ofensiva y conseguir que la población vuelva a sentirse segura existe una distancia que no se acorta con conferencias de prensa.

    Kast llegó prometiendo mano firme, resultados rápidos y un gobierno “implacable”. Por ahora, la encuesta parece entregar su propio parte policial: 34% aprueba, 55% rechaza y la seguridad todavía figura como encargo pendiente.
    Porque cuando se gobierna con promesas de emergencia, la ciudadanía no entrega un cheque en blanco: pone plazo, revisa los resultados y también pasa la cuenta.

  • Gobierno contra reloj  por Ley de Reconstrucción Nacional

    Gobierno contra reloj por Ley de Reconstrucción Nacional

    26 votos que son necesarios para aprobar este martes 4 de agosto la llamada Ley de Reconstrucción Nacional.

    Mientras algunos senadores oficialistas condicionan su apoyo a compromisos concretos para sus regiones y municipios, La Moneda negocia voto a voto. Sergio Gahona y Gustavo Sanhueza se inclinarían por aprobar, mientras Matías Walker exige un acuerdo escrito que garantice recursos para Coquimbo y Huasco.

    La reconstrucción, al parecer, comienza reconstruyendo primero la mayoría en el Senado.

  • Puerta giratoria en el Gobierno: 31 seremis fuera y Kast no perdona desviaciones de la “línea”.

    Puerta giratoria en el Gobierno: 31 seremis fuera y Kast no perdona desviaciones de la “línea”.

    El gobierno de José Antonio Kast suma ya 31 seremis fuera de sus cargos. La última en abandonar el gabinete regional fue Karla Kepec, ex seremi de Salud de Arica y Parinacota, quien habría buscado postulantes que fueran “republicanos o hijos de republicanos” para ocupar puestos en su cartera. Kepec no es la primera ni será la última en caer bajo la implacable lupa del presidente.

    Kast ha demostrado ser feroz con quienes se salen de la línea partidista. A este ritmo, más que un gabinete regional, el Gobierno parece administrar una puerta giratoria: las personas entran por afinidad ideológica y salen por viralidad de sus polémicas. La selección de personal funciona con celeridad, pero la permanencia se vuelve efímera cuando la lealtad al proyecto republicano se pone en duda.

    Este nuevo episodio revela un patrón preocupante: la administración pública se convierte en un campo de depuración constante, donde el mérito y la idoneidad quedan supeditados a la fidelidad política. Las regiones, especialmente Arica y Parinacota, sufren la inestabilidad de tener autoridades que entran y salen sin consolidar políticas de salud, educación o infraestructura. Mientras tanto, Kast sigue su hoja de ruta: purgar, renovar y esperar que la próxima tanda no cometa el mismo error.

  • Trayectoria de fiscal Cubillos: entre RN, Piñera y el Ministerio Público

    Trayectoria de fiscal Cubillos: entre RN, Piñera y el Ministerio Público

    La independencia de un fiscal no solamente debe declararse: también tiene que ser visible, verificable y capaz de resistir cualquier duda razonable de la ciudadanía. Bajo ese principio debe analizarse la trayectoria de Aquiles Enrique Cubillos Cubillos, actual fiscal regional de O’Higgins, quien ha pasado de la política partidista en Renovación Nacional a ocupar cargos de confianza en el gobierno de Sebastián Piñera y luego a dirigir investigaciones de alto impacto desde la Fiscalía.

    Su pasado político está documentado: en 1996 fue candidato a concejal por RN en Lolol, resultó electo y ejerció el cargo hasta 2000. Años después, entre mayo de 2018 y julio de 2019, fue jefe de la División de Carabineros del Ministerio del Interior durante el segundo gobierno de Piñera, bajo la dirección del entonces ministro Andrés Chadwick. Si bien no hay evidencia de que haya cometido un delito o favorecido ilegalmente a alguien, estos antecedentes forman parte de un recorrido institucional que el Ministerio Público debe transparentar ante la opinión pública.

    Tras su paso por el Ejecutivo, Cubillos regresó a la Fiscalía de Aysén, donde fue fiscal jefe en Puerto Aysén y luego director ejecutivo regional, cargo administrativo bajo el mando del fiscal regional Carlos Palma. En mayo de 2024, el fiscal nacional Ángel Valencia lo designó fiscal regional de O’Higgins, quedando a cargo de investigaciones como el robo a Brinks, el derrumbe en la mina El Teniente, un doble homicidio en Graneros y supuestas irregularidades en Codelco. La pregunta clave que el Ministerio Público debe responder es si se evaluaron sus antiguos vínculos políticos y administrativos antes de asignarle causas sensibles, y qué mecanismos garantizan que esas relaciones no afecten su imparcialidad.

  • La red de poder que vuelve a cercar a Andrés Chadwick

    La red de poder que vuelve a cercar a Andrés Chadwick

    Una investigación de Reportea.cl, basada en más de 12 mil páginas de conversaciones de WhatsApp incorporadas por la Fiscalía de Arica, destapa la red de poder que Luis Hermosilla y Andrés Chadwick habrían tejido para influir en causas judiciales, nombrar altos cargos del Poder Judicial y obtener ventajas personales. Los chats, que involucran al exfiscal Manuel Guerra, revelan un entramado que va desde el sobreseimiento de Santiago Valdés —exejecutivo de la campaña de Sebastián Piñera— hasta la contratación de Guerra en la Universidad San Sebastián con una remuneración superior a los $6 millones mensuales.

    Según la investigación, en abril de 2018 Hermosilla y Chadwick coordinaron gestiones para que Manuel Guerra no recurriera el sobreseimiento de Valdés, investigado por facturas vinculadas al financiamiento ilegal de campañas. Minutos después de que Guerra decidiera no impugnar, pidió ayuda a Hermosilla para conseguir trabajo. Los chats muestran que Chadwick seguía de cerca la causa y que Hermosilla actuaba como intermediario usando Telegram para las comunicaciones más reservadas.

    Pero la red no se limitó a cerrar investigaciones. Reportea documentó la influencia en nombramientos de más de 40 postulantes, de los cuales al menos 21 lograron los cargos, incluyendo tres ministros de la Corte Suprema —Ángela Vivanco, Mario Carroza y Jean Pierre Matus—, tres ministros de la Corte de Apelaciones de Santiago, abogados integrantes y el exdirector nacional de la Defensoría Penal Pública, Carlos Mora Jano, a quien Hermosilla describió como “totalmente nuestra”. También se mencionan gestiones para favorecer a Patricia Manríquez, quien finalmente fue nombrada titular de la 48.ª Notaría de Santiago.

    La arista que vincula a la Región de Aysén surge a partir de supuestos pagos relacionados con nombramientos de conservadores de Bienes Raíces. Según declaraciones publicadas por CIPER, el abogado Eduardo Lagos afirmó que la senadora Loreto Carvajal habría recibido $300 millones para intervenir en el nombramiento de Yamil Najle como conservador de Chillán. Aunque la afirmación no ha sido probada judicialmente y la parlamentaria lo niega, los investigadores buscan establecer conexiones con pagos sospechosos y la proliferación de causas que quedaron en manos de la Fiscalía Regional de Aysén.

    Los chats también contradicen declaraciones de Chadwick, quien aseguró no recordar reuniones privadas con Guerra. Sin embargo, el exfiscal reconoció haber participado en “cinco o seis” encuentros junto al exministro. La antigüedad de los hechos —algunos de 2016 y 2017— hace urgente que las investigaciones avancen: la sobrecarga laboral de la Fiscalía no puede convertirse en excusa para que la impunidad se consolide. La gran incógnita sigue en los mensajes de Telegram de Hermosilla, que aún no han sido recuperados. Si las conversaciones de WhatsApp ya exponen una trama de corrupción de tamaña magnitud, ¿qué espera en las comunicaciones que sus protagonistas creían más seguras?

  • ¿Plan Quiroz también viene por el patrimonio de Chile?

    ¿Plan Quiroz también viene por el patrimonio de Chile?

    Cuando se trata de administrar los recursos de todos los chilenos, los antecedentes importan.

    El actual ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, participó como accionista en Sierra Atacama, una empresa minera que terminó solicitando una reorganización judicial después de acumular pasivos cercanos a $70.000 millones, sufrir fuertes pérdidas y producir muy por debajo de las metas anunciadas. Finalmente, la compañía fue vendida a otro grupo empresarial.

    No fue jurídicamente declarada en quiebra, pero el resultado económico del proyecto está lejos de poder presentarse como una experiencia exitosa.

    Hoy ese mismo economista dirige las finanzas del Estado e impulsa la denominada megarreforma económica del Gobierno de José Antonio Kast.
    Y entonces aparece una señal que no puede pasar inadvertida. Arturo Squella, presidente del Partido Republicano, declaró que después de la megarreforma debería venir la privatización de Codelco o, al menos, la venta de una parte de su propiedad para permitir la entrada de capital privado.
    Ante el rechazo ciudadano, el Gobierno negó estar preparando una privatización. Pero inmediatamente agregó que estudia asociaciones privadas y la venta de bienes considerados “prescindibles”.

    Así comienza muchas veces el proceso: primero se niega la privatización total.
    Después se habla de participación privada. Luego se venden activos “no esenciales”. Más tarde se entregan áreas de negocio, y cuando la ciudadanía reacciona, “el cerco” ya se ha desplazado varios metros.

    Codelco no es solamente una empresa. Es parte del patrimonio económico y estratégico de Chile. Por eso la discusión no puede reducirse a una operación contable ni a la necesidad inmediata de conseguir caja.

    La preocupación es aún mayor porque Chile no posee únicamente cobre. Nuestro país es líder mundial en exportaciones de cobre, carbonato de litio, yodo, molibdeno y nitratos. También destaca por sus cerezas, salmones, frutos secos, vinos, productos forestales, pesca, energía solar, potencial eólico, recursos hídricos y extensos territorios marítimos.

    La pregunta que debe hacerse el país es inevitable: ¿La megarreforma termina con los impuestos y las contribuciones, o es solamente la primera etapa de un proyecto que después avanzará sobre Codelco, el litio, el agua, la energía y las demás riquezas que todavía permanecen bajo control público?

    Kast llegó prometiendo un “gobierno de emergencia”, seguridad, eficiencia y decisiones firmes.
    Sin embargo, en pocos meses hemos visto rectificaciones, cálculos políticos fallidos y medidas que parecen aplicarse mediante el método de prueba, error y corrección sobre la marcha. Incluso la megarreforma tuvo que retrasarse por no contar inicialmente con los votos que Hacienda daba prácticamente por asegurados.
    El ejemplo más reciente está en los combustibles.
    En marzo, el Gobierno permitió que un fuerte aumento internacional se traspasara directamente a las familias. Kast y Quiroz lo defendieron como una decisión impopular, pero supuestamente responsable. Ahora, ante una nueva alza, Hacienda vuelve a utilizar el MEPCO para amortiguar el golpe. Aun así, desde este jueves las bencinas subirán $32,9 por litro y el diésel $28,5.

    Ayer el mecanismo parecía fiscalmente inconveniente.
    Hoy vuelve a ser necesario. Eso no es una estrategia económica clara. Es gobernar corrigiendo sobre la marcha, mientras el costo de cada experimento termina pagándolo la ciudadanía.
    Por eso, cuando quienes gobiernan hablan de vender activos, incorporar “oxígeno privado” o modernizar empresas estratégicas, Chile debe permanecer alerta.
    Porque el patrimonio nacional puede venderse por partes, pero una vez entregado resulta casi imposible recuperarlo. Y tal vez el verdadero peligro no sea que anuncien de una vez la privatización de Codelco.
    El peligro es que la ejecuten lentamente, activo por activo, mientras aseguran que nunca estuvo en sus planes.

  • Las cuentas secretas de Pinochet: fortuna oculta, identidades falsas y las acusaciones de narcotráfico que nunca llegaron a sentencia

    Las cuentas secretas de Pinochet: fortuna oculta, identidades falsas y las acusaciones de narcotráfico que nunca llegaron a sentencia

    En Chile, la justicia vinculó parte de su patrimonio con recursos públicos malversados.

    En Chile, la justicia vinculó parte de su patrimonio con recursos públicos malversados. Paralelamente, testimonios y documentos relacionaron a integrantes de su familia y de la dictadura con narcotraficantes, aunque nunca se probó judicialmente que el ex Capitán General dirigiera una red de cocaína.

    Durante años, Augusto Pinochet proyectó ante sus partidarios la imagen de un militar austero que había dedicado su vida al Ejército y al país. Esa representación comenzó a derrumbarse en julio de 2004, cuando una investigación del Senado de Estados Unidos descubrió que el exdictador mantenía cuentas secretas en el Riggs Bank de Washington.

    La revelación no se limitaba a la existencia de algunos ahorros no declarados. Los antecedentes mostraban una estructura financiera diseñada para ocultar al verdadero propietario de millones de dólares: cuentas abiertas bajo nombres alterados, sociedades creadas en paraísos fiscales, pasaportes falsificados, movimientos fraccionados de dinero y la colaboración activa de ejecutivos bancarios.

    El hallazgo dio origen en Chile al llamado Caso Riggs, una investigación que expuso una fortuna incompatible con los ingresos conocidos de Pinochet y terminó estableciendo que parte de esos recursos provenía de caudales públicos.

    A esa historia se sumaron antiguas denuncias sobre tráfico de armas y narcotráfico. El exdirector de la DINA, Manuel Contreras, acusó directamente a Pinochet de enriquecerse mediante la producción y exportación de cocaína. Investigaciones posteriores encontraron vínculos comerciales entre hijos del exdictador y personas relacionadas con narcotraficantes internacionales.

    Sin embargo, es necesario separar lo que fue acreditado judicialmente de aquello que permaneció como denuncia, indicio o antecedente no suficientemente corroborado.

    El banco de presidentes que escondió el dinero de un dictador

    El Riggs Bank era una de las instituciones financieras más antiguas y prestigiosas de Washington. Por sus dependencias habían pasado embajadas, diplomáticos, mandatarios y familias influyentes. Esa cercanía con el poder internacional terminó convirtiéndose también en una de sus mayores debilidades.

    Una investigación del Subcomité Permanente de Investigaciones del Senado estadounidense descubrió que el banco mantuvo durante años relaciones financieras secretas con Augusto Pinochet, incluso cuando este se encontraba sometido a investigaciones y medidas judiciales internacionales.

    El primer informe del Senado identificó cuentas y depósitos vinculados al exdictador. Una revisión posterior amplió la pesquisa y estableció que el Riggs había administrado una red considerablemente mayor de productos bancarios y sociedades relacionadas con Pinochet y su familia.

    El banco conocía la identidad del verdadero cliente. Aun así, permitió que las cuentas funcionaran con nombres diferentes, omitió controles reforzados aplicables a personas políticamente expuestas y evitó informar adecuadamente operaciones sospechosas.

    Entre agosto de 2000 y enero de 2003, el Riggs convirtió alrededor de US$1,9 millones pertenecientes a las cuentas asociadas a Pinochet en cheques de caja por montos menores. Estos fueron trasladados y entregados en Chile, una operación que reducía la visibilidad del movimiento global del dinero.

    La actuación del banco fue particularmente grave porque algunas de esas maniobras se produjeron cuando existían resoluciones destinadas a congelar los bienes de Pinochet como consecuencia de su detención en Londres.

    El Riggs no fue simplemente un lugar donde el exgeneral depositó dinero. Según los investigadores estadounidenses, ejecutivos de la institución colaboraron para administrar, desplazar y ocultar los fondos.

    El banco terminó admitiendo graves incumplimientos de la normativa estadounidense contra el lavado de dinero y recibió una sanción penal de US$16 millones. El escándalo destruyó su reputación y contribuyó decisivamente a su desaparición como institución independiente.

    Diez nombres y pasaportes que no correspondían a su identidad real

    Uno de los aspectos más reveladores de la investigación fue el uso de múltiples identidades para separar formalmente a Pinochet de sus cuentas.

    Los investigadores del Senado encontraron aproximadamente diez nombres o variaciones nominales utilizados en documentos y registros financieros. Entre ellos aparecían:

    Augusto Ugarte;
    José Ramón Ugarte;
    Daniel López;
    A. P. Ugarte;
    José Pinochet;
    otras combinaciones parciales de sus apellidos y nombres.

    Los registros obtenidos del Riggs Bank y de Citibank indicaron que se presentaron pasaportes falsificados a nombre de Augusto Ugarte y José Ramón Ugarte para identificar cuentas relacionadas con el exdictador. La fotografía utilizada correspondía a Pinochet, pero los nombres habían sido modificados.

    Esta distinción es relevante: no todos los nombres detectados necesariamente correspondían a un pasaporte diferente. Algunos eran alias bancarios, abreviaciones o variaciones incorporadas a registros financieros. Por ello, resulta más riguroso hablar de múltiples identidades y documentos falsificados, y no atribuirle una cantidad exacta de pasaportes sin explicar qué contabiliza esa cifra.

    Las identidades alternativas cumplían una función práctica: dificultaban que los sistemas de control bancario reconocieran que el beneficiario era Augusto Pinochet, exjefe de Estado, excomandante en jefe del Ejército y persona sometida a investigaciones internacionales.

    No se trató, por tanto, de simples errores administrativos. Era un método de ocultamiento patrimonial.

    Sociedades de papel y millones difíciles de justificar

    Las cuentas no estaban únicamente a nombre de personas. También se utilizaron sociedades instrumentales creadas para administrar inversiones y ocultar a sus beneficiarios reales.

    El dinero fue distribuido entre bancos, depósitos, inversiones y entidades jurídicas ubicadas en distintos países. Esta fragmentación dificultó reconstruir el patrimonio total y explica por qué las cifras publicadas sobre el caso varían.

    Algunos informes hablan del número de cuentas; otros cuentan sociedades, depósitos, inversiones o relaciones bancarias. Del mismo modo, existen diferencias entre:

    el patrimonio total investigado;
    el dinero considerado injustificado;
    las sumas vinculadas a malversación;
    los fondos efectivamente decomisados;
    y los bienes que posteriormente fueron objeto de demandas civiles.

    La investigación chilena llegó a examinar un patrimonio superior a US$20 millones. Esa cifra no significa que cada dólar fuera declarado ilícito mediante una sentencia penal. Sí permitió comprobar que los ingresos oficiales de Pinochet no explicaban el tamaño de su fortuna.

    El Caso Riggs en Chile

    Después de conocerse la investigación estadounidense, el Consejo de Defensa del Estado presentó acciones judiciales y la justicia chilena inició una causa por malversación de caudales públicos, fraude tributario, falsificación de documentos y otros delitos relacionados.

    Pinochet fue interrogado y sometido a procesamiento mientras aún vivía. Sin embargo, murió el 10 de diciembre de 2006, antes de que existiera una sentencia penal definitiva en su contra.

    Su fallecimiento extinguió su responsabilidad penal personal. Esto suele ser utilizado por sus defensores para afirmar que nunca fue condenado por corrupción. La afirmación es formalmente cierta respecto de una condena penal definitiva contra él, pero omite la razón principal: Pinochet murió mientras el proceso todavía estaba abierto.

    La investigación continuó contra sus colaboradores.

    En 2018, la Corte Suprema resolvió la causa y condenó a tres militares retirados por su participación en la malversación de recursos. También ordenó el comiso de aproximadamente US$1,6 millones relacionados con el patrimonio de Pinochet y sus sociedades.

    Esa suma no representaba toda la fortuna investigada, sino aquella que el máximo tribunal consideró jurídicamente susceptible de decomiso dentro de la causa penal.

    Otros fondos incautados permanecieron durante años bajo custodia judicial. En 2023 se informó del traspaso de unos US$3,4 millones que no habían sido reclamados por los herederos dentro del plazo correspondiente.

    La justicia civil y la devolución de más de US$16 millones

    La dimensión patrimonial del caso no concluyó con la sentencia penal.

    El Consejo de Defensa del Estado impulsó una demanda civil contra los herederos de Pinochet bajo la figura del provecho obtenido por el dolo ajeno. La acción buscaba recuperar la parte del patrimonio ilícito que no había sido decomisada en la causa penal.

    En julio de 2025, el Séptimo Juzgado Civil de Santiago acogió la demanda en primera instancia y determinó que los ingresos injustificados de Pinochet alcanzaban al menos US$17.886.323,20.

    De acuerdo con esa resolución, los recursos provenían principalmente de gastos reservados asignados a organismos como la Presidencia de la República, la Casa Militar y la Comandancia en Jefe del Ejército.

    El tribunal ordenó a los herederos restituir al Estado US$16.244.768,74, correspondientes a la parte del patrimonio de origen ilícito que no había sido objeto del comiso anterior.

    La distribución de la obligación debía realizarse según la participación de cada heredero en la sucesión. Al tratarse de una sentencia de primera instancia, podía ser apelada y no debía presentarse como una resolución definitivamente ejecutoriada.

    Este fallo reforzó una conclusión que ya aparecía en la causa penal: la fortuna oculta no podía explicarse únicamente por inversiones privadas, ahorros familiares o donaciones. Una parte relevante había sido vinculada judicialmente con la apropiación de fondos pertenecientes al Estado.

    Los “pinocheques”: el escándalo anterior al Caso Riggs

    La historia de los negocios de la familia Pinochet había comenzado mucho antes de descubrirse las cuentas estadounidenses.

    En 1989, durante los últimos meses de la dictadura, el Ejército compró la empresa Valmoval, vinculada a Augusto Pinochet Hiriart, hijo del entonces comandante en jefe. La operación fue pagada mediante tres cheques por aproximadamente $971 millones de la época.

    El episodio pasó a conocerse como el caso de los “pinocheques”.

    La investigación sobre el negocio provocó fuertes presiones militares durante el gobierno de Patricio Aylwin. En diciembre de 1990 se produjo el denominado Ejercicio de Enlace, una movilización de tropas presentada oficialmente como una actividad institucional.

    En 1993 ocurrió el Boinazo, cuando comandos armados y uniformados se concentraron en las cercanías del edificio de las Fuerzas Armadas mientras avanzaban las investigaciones.

    Ambos episodios fueron interpretados como demostraciones de fuerza destinadas a proteger al exdictador y a su familia frente a la justicia civil.

    El caso fue finalmente cerrado sin condenas. Sin embargo, reveló tempranamente la mezcla entre poder militar, negocios familiares e intimidación institucional que posteriormente reaparecería en el Caso Riggs.

    Comisiones por armas y otras operaciones bajo sospecha

    Otra arista examinada por la justicia estuvo relacionada con comisiones provenientes de compras y ventas de armamento.

    Durante la dictadura y los años en que Pinochet siguió al mando del Ejército, Chile realizó importantes operaciones militares. Investigadores analizaron depósitos, intermediarios y pagos que podían guardar relación con esas adquisiciones.

    Algunos de esos antecedentes fueron incorporados al Caso Riggs para intentar explicar el origen de depósitos detectados en el extranjero.

    No todas las operaciones sospechosas terminaron en condenas. La complejidad de las sociedades, el paso del tiempo, la reserva militar y el uso de intermediarios dificultaron reconstruir completamente el origen del patrimonio.

    Por esta razón, es necesario evitar dos extremos: no puede afirmarse que cada depósito fuera producto de una operación ilegal, pero tampoco puede sostenerse que la fortuna estuviera plenamente justificada.

    Londres: la detención que quebró la inmunidad de los exgobernantes

    Pinochet no estuvo detenido en Londres por las cuentas secretas ni por delitos económicos. Cuando fue arrestado, el Caso Riggs todavía no había sido descubierto.

    El exdictador viajó al Reino Unido en septiembre de 1998 para someterse a una intervención médica. El 16 de octubre de 1998, mientras permanecía en una clínica londinense, fue detenido debido a una orden solicitada por el juez español Baltasar Garzón.

    La justicia española investigaba crímenes cometidos durante la dictadura contra ciudadanos españoles y de otras nacionalidades. La solicitud de extradición incluía acusaciones relacionadas con torturas, desapariciones, asesinatos y conspiración para cometer crímenes internacionales.

    El debate se concentró en dos preguntas fundamentales:

    ¿Podía España juzgar delitos cometidos principalmente en Chile?
    ¿Gozaba un exjefe de Estado de inmunidad por actos realizados mientras gobernaba?

    La Cámara de los Lores concluyó que la tortura no podía considerarse una función legítima de un jefe de Estado y que, por tanto, Pinochet no disfrutaba de inmunidad absoluta frente a esas acusaciones.

    Sin embargo, la legislación británica limitó los hechos susceptibles de extradición. La parte principal del procedimiento quedó circunscrita a torturas y conspiraciones posteriores al 29 de septiembre de 1988, fecha relacionada con la incorporación de la Convención contra la Tortura al derecho británico.

    Pinochet permaneció alrededor de 503 días bajo arresto en el Reino Unido, principalmente en una residencia vigilada.

    En marzo de 2000, el ministro británico del Interior, Jack Straw, decidió no continuar la extradición después de recibir informes médicos que sostenían que Pinochet no se encontraba en condiciones de enfrentar un juicio.

    El general regresó a Chile.

    No fue absuelto. Tampoco se dictó una sentencia que declarara falsas las acusaciones. El proceso se interrumpió por una decisión administrativa basada en su estado de salud.

    Su regreso provocó además una fuerte controversia: al arribar a Santiago, Pinochet se levantó de la silla de ruedas que había utilizado durante su salida del Reino Unido, caminó y saludó a sus partidarios, alimentando las sospechas sobre la gravedad real de sus incapacidades.

    Pese a que no fue extraditado, el caso dejó un precedente histórico para la justicia internacional: un antiguo jefe de Estado podía ser detenido fuera de su país y perder su inmunidad frente a acusaciones de tortura.

    La denuncia de Manuel Contreras sobre una red de cocaína

    La acusación más grave y menos concluyente surgió desde el interior de la propia estructura represiva de la dictadura.

    Manuel Contreras, fundador y director de la DINA, aseguró que Augusto Pinochet y miembros de su familia se habían enriquecido mediante la fabricación y el tráfico internacional de cocaína.

    En 2006, Contreras ratificó sus declaraciones ante un fiscal. Afirmó que en instalaciones relacionadas con el Ejército se producía una sustancia conocida como “cocaína negra”, destinada a evitar su detección durante el transporte.

    También vinculó esas operaciones con el químico Eugenio Berríos, antiguo colaborador de la DINA, relacionado con la fabricación de sustancias químicas y posteriormente asesinado en Uruguay.

    Según la versión de Contreras, la droga habría sido enviada desde Chile hacia Europa y Estados Unidos utilizando estructuras vinculadas al aparato militar.

    La acusación adquirió impacto porque provenía del hombre que había dirigido la policía secreta de Pinochet. Pero también debía ser examinada con cautela.

    Contreras era un condenado por graves violaciones de derechos humanos, mantenía disputas con Pinochet y podía intentar desplazar responsabilidades hacia su antiguo superior. Su testimonio, por sí solo, no bastaba para acreditar la existencia de la red.

    Talagante, Eugenio Berríos y las declaraciones de Iván Baramdyka

    Las denuncias no se limitaron a Manuel Contreras.

    En 1993, el narcotraficante estadounidense de origen colombiano Frankell Iván Baramdyka declaró que desde el Complejo Químico del Ejército, ubicado en Talagante, se comercializaban sustancias utilizadas para procesar cocaína sin los controles correspondientes.

    Baramdyka también entregó antecedentes sobre relaciones con integrantes del entorno de Pinochet y sobre operaciones internacionales.

    Años después, documentos incorporados a cuadernos separados del Caso Riggs mostraron que agencias estadounidenses habían recibido información sobre posibles nexos entre miembros de la familia Pinochet y personas investigadas por narcotráfico.

    La figura de Eugenio Berríos aparece reiteradamente en estas historias. Berríos fue un químico asociado a la DINA y a proyectos clandestinos de la dictadura. En 1991 salió secretamente de Chile y fue trasladado a Uruguay, presuntamente para impedir que declarara ante la justicia.

    Su cuerpo fue encontrado en 1995. La justicia estableció posteriormente que había sido secuestrado y asesinado.

    La muerte de Berríos eliminó a uno de los testigos que podía conocer directamente actividades químicas y operaciones clandestinas de los organismos represivos.

    Los negocios de los hijos de Pinochet con personas vinculadas a narcotraficantes

    En 2023, una investigación de CIPER examinó documentos judiciales, registros comerciales e informes provenientes de Chile, Colombia, Canadá, Estados Unidos, Panamá y España.

    Los antecedentes mostraron que Marco Antonio Pinochet Hiriart y Augusto Pinochet Hiriart mantuvieron vínculos comerciales con la empresa Focus Chile, relacionada con Edgardo Bathich.

    Según la documentación revisada, la sociedad estaba conectada con narcotraficantes colombianos, con uno de los principales traficantes de drogas de Canadá y con representantes del entorno del comerciante internacional de armas Adnan Khashoggi.

    La investigación también accedió a un informe confidencial de la DEA que mencionaba a los hijos de Pinochet y entregaba pistas sobre sus relaciones con personas investigadas por narcotráfico.

    Los documentos acreditan la existencia de vínculos comerciales. No prueban automáticamente que cada integrante de la familia conociera o participara en todas las actividades ilícitas de sus socios.

    La diferencia es fundamental para evitar convertir una asociación comprobada en una culpabilidad penal que nunca fue establecida mediante sentencia.

    CIPER también reconstruyó conexiones entre narcotraficantes peruanos, antiguos agentes de la DINA, empresarios y abogados cercanos a la dictadura. Los documentos mostraron que estas relaciones no constituían episodios aislados, sino una trama de contactos políticos, empresariales y financieros que se extendía por distintos países.

    ¿Existió realmente “la red de tráfico de cocaína de Pinochet”?

    La respuesta responsable exige distinguir entre antecedentes históricos y prueba judicial.

    Está documentado que:

    Manuel Contreras acusó directamente a Pinochet de narcotráfico;
    las acusaciones fueron entregadas a fiscales y jueces;
    Iván Baramdyka declaró sobre sustancias químicas y operaciones relacionadas con Talagante;
    Eugenio Berríos participó en actividades químicas clandestinas de la DINA;
    informes y documentos mencionaron a hijos de Pinochet;
    miembros de la familia mantuvieron negocios con sociedades controladas o vinculadas a narcotraficantes y traficantes de armas.

    Pero no existe una sentencia penal firme que haya establecido que Augusto Pinochet:

    dirigió personalmente una red de narcotráfico;
    ordenó producir cocaína;
    controló rutas desde Talagante hasta Miami;
    o recibió directamente ganancias procedentes de la venta de drogas.

    Por consiguiente, el titular difundido en redes sociales —“La red de tráfico de cocaína de Pinochet”— presenta como hecho definitivamente probado una hipótesis que no alcanzó ese estándar judicial.

    Una formulación más rigurosa sería:

    “Las denuncias y documentos que vincularon al entorno de Pinochet con una presunta red internacional de narcotráfico.”

    La precisión no pretende exculpar al exdictador. Busca diferenciar los hechos comprobados de las acusaciones que, aunque graves y respaldadas por ciertos antecedentes, no llegaron a una condena.

    Lo comprobado y lo que permaneció bajo sospecha
    Hechos acreditados documental o judicialmente

    Pinochet mantuvo cuentas bancarias secretas en Estados Unidos y otros países.

    Utilizó nombres alternativos y pasaportes falsificados para operar o identificar algunas cuentas.

    Su patrimonio fue distribuido entre sociedades, depósitos e inversiones diseñadas para ocultar al verdadero beneficiario.

    El Riggs Bank colaboró en el manejo y traslado secreto de sus fondos e incumplió normas contra el lavado de dinero.

    La justicia chilena condenó a colaboradores por malversación de caudales públicos y ordenó el comiso de bienes relacionados con el patrimonio de Pinochet.

    Una sentencia civil de primera instancia de 2025 ordenó a sus herederos restituir más de US$16,2 millones, al considerar que formaban parte del patrimonio de origen ilícito que no había sido decomisado.

    Pinochet estuvo detenido en Londres por una solicitud de extradición relacionada con torturas y otros crímenes internacionales, no por delitos económicos.

    Antecedentes que no terminaron en condena contra Pinochet

    Las denuncias de producción de cocaína en instalaciones militares.

    La supuesta exportación de droga hacia Europa y Estados Unidos.

    La participación personal de Pinochet como jefe de una red internacional de narcotráfico.

    El origen ilegal de la totalidad de su patrimonio investigado.

    Un hombre que murió sin recibir sentencia definitiva

    Augusto Pinochet murió a los 91 años sin haber recibido una condena penal firme.

    Esa ausencia de sentencia no equivale a una declaración de inocencia.

    Durante sus últimos años fue desaforado, procesado, interrogado y sometido a arrestos domiciliarios en distintas causas. Sus defensas recurrieron reiteradamente a informes sobre demencia, deterioro neurológico e incapacidad para enfrentar un juicio.

    Al mismo tiempo, concedió entrevistas, realizó declaraciones políticas y administró asuntos personales, lo que generó cuestionamientos sobre la verdadera extensión de sus problemas de salud.

    Su muerte extinguió las causas penales pendientes en su contra. La justicia pudo continuar investigando a colaboradores, decomisar bienes y perseguir civilmente a los herederos, pero ya no podía imponerle personalmente una pena.

    Conclusión: la otra estructura clandestina de la dictadura

    La dictadura chilena no construyó únicamente un aparato secreto para perseguir, torturar y hacer desaparecer opositores. Con el paso de los años también apareció una estructura financiera clandestina destinada a esconder el patrimonio de quien encabezó el régimen.

    Las cuentas del Riggs Bank, las sociedades instrumentales, los nombres falsos, los pasaportes adulterados y los movimientos fraccionados de dinero demostraron que Augusto Pinochet no conservaba simplemente ahorros familiares. Administraba una fortuna oculta mediante procedimientos diseñados para impedir su rastreo.

    La justicia chilena concluyó que parte de esos recursos estaba relacionada con la malversación de fondos públicos. La muerte del exdictador impidió una condena penal personal, pero no eliminó las pruebas, las condenas contra sus colaboradores ni las decisiones que ordenaron recuperar bienes.

    Las acusaciones de narcotráfico abren un capítulo diferente. Existen testimonios, documentos, informes reservados y negocios familiares con personas relacionadas con el tráfico de drogas y armas. Estos antecedentes justifican su investigación histórica y periodística.

    Sin embargo, nunca se estableció mediante sentencia que Pinochet dirigiera personalmente una red de cocaína desde Talagante hasta Miami. Presentarlo de esa manera sin advertencia transforma una acusación grave en una certeza que los tribunales no alcanzaron a confirmar.

    La conclusión más sólida no necesita exageraciones: Augusto Pinochet murió dejando una fortuna clandestina, múltiples identidades financieras, documentación falsa, fondos asociados a la apropiación de recursos estatales y una extensa red de relaciones y sospechas que la justicia nunca logró esclarecer completamente.

    El mismo régimen que negó durante décadas los crímenes contra sus opositores también ocultó los negocios y el patrimonio de su principal autoridad. Con el tiempo, las cuentas bancarias hablaron donde durante años imperaron el silencio, el secreto militar y la impunidad.

  • José Antonio Kast estrecha la mano de Keiko Fujimori

    José Antonio Kast estrecha la mano de Keiko Fujimori

    Keiko recibe también el pesado legado de su padre, Alberto Fujimori, condenado por corrupción y violaciones de derechos humanos. Durante su gobierno se ejecutó la Operación Chavín de Huántar para liberar a los rehenes de la residencia del embajador de Japón —no de la embajada—. Los catorce integrantes del MRTA murieron en el operativo y posteriormente surgieron denuncias sobre posibles ejecuciones extrajudiciales.

    Aunque en la era digital,no existan registros para afirmar que Fujimori, apareció sobre un bus que trasladaba a los rehenes; la memoria colectivos sí existe para recordar las transmisiones en vivo que mantuvo en vilo a los televidentes de aquella escenas cinematograficas en el Perú, quien convirtió el rescate en una poderosa puesta en escena política y comunicacional.
    Hoy vuelve el “estilo Fujimori”: orden, mano dura, cámaras y una fotografía triunfal. Pero en países donde los gobiernos caen antes de terminar sus discursos, conviene recordar una vieja fatalidad latinoamericana: todo poder que comienza torciendo la historia suele terminar atrapado entre sus propias ruinas.

  • Los chats que vuelven a abrir la puerta de la trama político-judicial en Chile

    Los chats que vuelven a abrir la puerta de la trama político-judicial en Chile

    Las nuevas conversaciones entre Luis Hermosilla y Andrés Chadwick revelan gestiones sobre causas sensibles para el entorno del expresidente Sebastián Piñera, mientras el Congreso mantiene trabas para seguir con mayor rapidez la ruta del dinero en delitos económicos. La incorporación de más de 12 mil páginas de conversaciones entre el abogado Luis Hermosilla y el exministro del Interior Andrés Chadwick a la investigación contra el exfiscal Manuel Guerra vuelve a iluminar una zona oscura del poder chileno: la relación informal entre autoridades políticas, fiscales, abogados influyentes y grandes intereses económicos.

    Los mensajes, respaldados desde el teléfono de Hermosilla, muestran que ambos utilizaban WhatsApp y Telegram para conversar sobre investigaciones vinculadas con figuras del piñerismo.

    De acuerdo con los antecedentes publicados, parte de las comunicaciones más delicadas alojadas en Telegram todavía no habría sido periciada por el Ministerio Público.

    Uno de los intercambios más reveladores se produjo cuando Hermosilla consultó a Chadwick si podía intervenir en una causa relacionada con Santiago Valdés, exadministrador electoral de Sebastián Piñera. La respuesta atribuida al exministro fue tan breve como inquietante: “Bueno, ¿cuánto?” La frase, considerada dentro del contexto completo de los mensajes, instala legítimas preguntas sobre el sentido de aquella gestión, el eventual costo mencionado y la naturaleza de las intervenciones que se solicitaban desde los círculos más cercanos al poder.

    Una red situada entre La Moneda, la Fiscalía y los grandes estudios jurídicos Los chats no constituyen por sí solos una condena judicial. Sin embargo, describen un sistema de comunicaciones y gestiones privadas mediante el cual se seguían causas especialmente sensibles para el entorno político y empresarial del segundo gobierno de Sebastián Piñera. El exfiscal Manuel Guerra ya había quedado bajo investigación después de conocerse conversaciones en las que habría entregado o comentado información relacionada con causas como Penta, SQM y otras investigaciones económicas.

    Durante ese período, Hermosilla se desempeñaba como un asesor jurídico de enorme influencia y mantenía una estrecha relación profesional con Chadwick.
    Los antecedentes conocidos hasta ahora permiten plantear una cuestión institucional más amplia: ¿hasta dónde llegaba la capacidad de determinados operadores para obtener información, influir en decisiones o anticiparse a las actuaciones de la justicia? La respuesta deberá establecerla la Fiscalía y, eventualmente, los tribunales.

    Pero el problema político ya está instalado. Cuando ministros, fiscales, abogados y empresarios aparecen comunicándose informalmente respecto de investigaciones en curso, la ciudadanía tiene derecho a exigir que se determine si se trataba de simples consultas profesionales o de un posible circuito de tráfico de influencias. El poder político protege sus conversaciones y también la ruta del dinero Este nuevo capítulo aparece mientras Chile continúa discutiendo las dificultades para acceder oportunamente a información bancaria en investigaciones sobre crimen organizado, corrupción y lavado de activos.

    La Cámara de Diputadas y Diputados había aprobado una norma que permitía a la Unidad de Análisis Financiero solicitar directamente antecedentes bancarios en tres situaciones delimitadas: cuando el reporte proviniera de un banco, involucrara a un funcionario público o estuviera relacionado con una persona jurídica.

    Sin embargo, la disposición fue rechazada en el Senado y enviada a comisión mixta. El actual Gobierno también ha defendido que el levantamiento continúe sujeto a una autorización judicial, argumentando que el acceso administrativo podría generar abusos o actuaciones discrecionales.

    La discusión no puede reducirse a una falsa elección entre privacidad e investigación penal. El verdadero desafío consiste en establecer controles estrictos, trazabilidad y sanciones, pero también procedimientos suficientemente rápidos para impedir que los dineros sospechosos desaparezcan antes de que el Estado pueda seguirlos. Casos recientes han demostrado que las organizaciones dedicadas al lavado pueden mover enormes cantidades de dinero mientras las instituciones todavía tramitan autorizaciones.

    La investigación conocida como Operación Tokio detectó una red vinculada al Tren de Aragua que habría blanqueado alrededor de US$85 millones, incluso con la presunta colaboración de funcionarios bancarios.
    ¿Un Congreso legislador o una bolsa de intereses privados?
    No existen antecedentes judiciales suficientes para afirmar que en el Congreso opere literalmente una “bolsa de comercio” destinada al lavado de dinero pero está la sospecha instalada de un buen tiempo a esta parte…

    Presentarlo como un hecho probado sería irresponsable. Pero la metáfora refleja una sospecha política que crece cada vez que aparecen parlamentarios defendiendo intereses empresariales, autoridades relacionadas con operaciones financieras, sociedades cruzadas, financiamiento irregular de campañas o redes de abogados capaces de moverse simultáneamente entre el poder político, los negocios y el sistema judicial.

    El Congreso debe transparentar los conflictos de interés, las participaciones societarias, los vínculos económicos y las gestiones realizadas en representación de terceros.

    También debe explicar por qué una parte de la política parece más rápida para proteger el secreto de las cuentas que para garantizar que la Fiscalía y la Unidad de Análisis Financiero puedan seguir eficazmente el dinero de la corrupción. La pregunta de fondo no es solamente quién escribió determinado mensaje o quién pidió intervenir en una causa.

    Es qué estructura de poder permitía que esas solicitudes parecieran habituales y posibles.

    El delito de cuello y corbata también amenaza la democracia Durante años, el debate sobre seguridad se ha concentrado en los delitos cometidos en las calles. Sin embargo, las operaciones realizadas desde oficinas, estudios jurídicos, directorios empresariales o despachos públicos pueden provocar daños económicos e institucionales mucho mayores.

    El tráfico de influencias, el cohecho, la corrupción y el lavado de activos no siempre utilizan violencia visible.

    Se desarrollan mediante contactos privilegiados, información reservada, favores, nombramientos y movimientos financieros difíciles de rastrear.

    Los nuevos chats deben ser periciados íntegramente y sometidos a una investigación independiente, sin privilegios derivados de cargos anteriores, apellidos, amistades ni pertenencias políticas.
    Cada una de las personas mencionadas conserva su presunción de inocencia, pero esa garantía no puede transformarse en impunidad ni en una excusa para impedir que se investigue.

    Los ciudadanos, necesita conocer no solo el contenido completo de las conversaciones, sino también qué gestiones se realizaron después de cada mensaje, quiénes se beneficiaron y qué movimientos económicos acompañaron esas decisiones.
    Porque cuando los poderosos parecen tener acceso directo a fiscales, ministros y autoridades, mientras la ciudadanía debe esperar años para obtener justicia, el problema deja de ser un simple intercambio privado: se convierte en una crisis de igualdad ante la ley.