Autor: Víctor Reyes

  • JUNAEB: INVESTIGACIÓN POR PRESUNTAS COIMAS LLEGA AL CONGRESO Y PONE BAJO LA LUPA A CALISTO, GAHONA Y GUTIÉRREZ

    JUNAEB: INVESTIGACIÓN POR PRESUNTAS COIMAS LLEGA AL CONGRESO Y PONE BAJO LA LUPA A CALISTO, GAHONA Y GUTIÉRREZ

    Una investigación que comenzó siguiendo posibles irregularidades en millonarias licitaciones del Programa de Alimentación Escolar de JUNAEB acaba de dar un salto político de enormes proporciones.

    Este jueves, la Fiscalía de Alta Complejidad Oriente y la Brigada Anticorrupción de la PDI realizaron allanamientos e incautaciones de teléfonos, computadores y otros dispositivos electrónicos en distintos puntos del país, incluyendo diligencias relacionadas con dependencias del Congreso Nacional.

    Entre las figuras políticas alcanzadas por las diligencias aparecen el senador Sergio Gahona (UDI), el senador Miguel Ángel CALISTO (independiente), el exdiputado Hugo Gutiérrez (PC) y el lobbista Darío Calderón.

    La investigación tiene como uno de sus focos los contratos de SOSER S.A. con JUNAEB y busca determinar si detrás de determinadas licitaciones y decisiones administrativas pudo existir un mecanismo destinado a entregar información reservada, intervenir procesos, presionar la salida de fiscalizadores o favorecer intereses privados a cambio de eventuales beneficios económicos o laborales.

    Los delitos que la Fiscalía busca esclarecer incluyen cohecho, soborno, tráfico de influencias, revelación de secretos y lavado de activos, además de otras figuras penales investigadas en la causa.

    Pero en Aysén existe un antecedente que no puede pasar inadvertido.

    Antes de convertirse en parlamentario, Miguel Ángel CALISTO fue director regional de JUNAEB en la Región de Aysén entre octubre de 2016 y junio de 2017.

    Posteriormente fue elegido diputado y hoy ocupa un escaño en el Senado.

    Ese antecedente, por supuesto, no constituye por sí mismo prueba de delito ni permite vincular su antigua gestión regional con los hechos que actualmente investiga la Fiscalía.

    Pero políticamente resulta relevante porque estamos frente a un parlamentario que conoce JUNAEB desde dentro y que posteriormente, ya como diputado, participó además en instancias parlamentarias relacionadas con la fiscalización del organismo y de su Programa de Alimentación Escolar.

    Y existe una paradoja todavía mayor: Miguel Ángel Calisto y Sergio Gahona integraron una Comisión Especial Investigadora de la Cámara de Diputados destinada precisamente a revisar actuaciones de JUNAEB y JUNJI relacionadas con la ejecución del Programa de Alimentación Escolar.

    Hoy sus nombres aparecen dentro de una investigación que intenta determinar si alrededor de ese mismo sistema existió una red capaz de influir en decisiones administrativas, licitaciones y fiscalizaciones.
    Eso no significa que sean culpables.

    En un Estado de Derecho corresponde mantener íntegramente la presunción de inocencia, y serán la Fiscalía y posteriormente los tribunales quienes deberán determinar si existieron delitos y quiénes tuvieron participación en ellos.

    Pero cuando una investigación por posibles coimas y tráfico de influencias llega hasta oficinas del Congreso, ya no estamos frente a una simple controversia administrativa.

    Estamos frente a una pregunta que Chile tiene derecho a exigir que se responda hasta el final:
    ¿quiénes intervinieron realmente en las decisiones de JUNAEB, para beneficiar a quiénes y a cambio de qué?

  • CONTRADICCIONES O POLÍTICA DE NEGOCIACIÓN?

    CONTRADICCIONES O POLÍTICA DE NEGOCIACIÓN?

    Otra votación relevante en la Cámara de Diputadas y Diputados vuelve a poner bajo la lupa al diputado por Aysén René Alinco.
    Esta vez se trató del proyecto que busca prohibir las carreras de perros en Chile, especialmente las de galgos. La iniciativa fue aprobada en general por 80 votos a favor, 41 en contra y 7 abstenciones, pero Alinco estuvo entre quienes votaron en contra.
    No estamos hablando solamente de una discusión sobre una actividad recreativa. El proyecto pretende incorporar a la Ley 21.020 de Tenencia Responsable una prohibición expresa de las carreras de perros, estableciendo sanciones para quienes las organicen o participen en ellas. Sus impulsores sostienen que alrededor de estas competencias existen antecedentes de maltrato, explotación, lesiones, abandono y apuestas ilegales. El proyecto vuelve ahora a la Comisión de Medio Ambiente para su discusión particular.
    Y aquí aparece una pregunta política inevitable para Aysén.
    René Alinco fue electo desde un espacio político distinto al oficialismo de José Antonio Kast, pero durante estos primeros meses de gobierno ha coincidido con La Moneda en votaciones de especial relevancia.
    En mayo, por ejemplo, votó a favor de la idea de legislar el Plan de Reconstrucción Nacional, la denominada MEGARREFORMA de Kast, que obtuvo 90 votos favorables. Antes incluso de que la iniciativa ingresara formalmente, Alinco ya era mencionado como uno de los votos con los que el Ejecutivo contaba para asegurar su aprobación general.
    Eso sí, corresponde hacer una precisión importante: aprobar la idea de legislar no significó respaldar todos sus artículos. Cuando se votaron cuatro de sus componentes tributarios centrales, Alinco se abstuvo en la rebaja del impuesto corporativo del 27% al 23% y votó en contra de las disposiciones sobre contribuciones, invariabilidad tributaria e integración del sistema tributario.
    También respaldó en abril el proyecto gubernamental de “Escuelas Protegidas”, que avanzó en la Cámara con 103 votos favorables.
    Por eso el debate no debería reducirse a derecha versus izquierda. El asunto es qué criterio político está utilizando el representante de Aysén cuando decide sus votos.
    Porque un diputado independiente tiene todo el derecho a votar caso a caso. Pero también tiene la obligación política de explicar a sus electores por qué respalda determinadas iniciativas del Gobierno, por qué rechaza otras y qué beneficio concreto obtiene Aysén de esas negociaciones.
    Hoy, frente a una iniciativa destinada a aumentar la protección de los animales, René Alinco decidió votar NO.
    Y después de verlo convertido en un voto buscado y públicamente contabilizado por el Gobierno de Kast en proyectos estratégicos, la pregunta que corresponde hacer no es una acusación, sino una exigencia democrática de transparencia:
    ¿Estamos frente a un diputado que vota exclusivamente por convicción, o frente a una forma de hacer política donde cada voto se negocia esperando algo a cambio? Y si existe algo a cambio, ¿es para Aysén… o para beneficio político del propio diputado?

  • Kast y Chile Vamos: ya no habrá luna de miel?

    Kast y Chile Vamos: ya no habrá luna de miel?

    Kast y el peligro de que el desgaste se transforme en tendencia

    El problema para La Moneda es otro: la velocidad con que se ha consumido el respaldo que recibió al comenzar su gobierno.

    Cuando José Antonio Kast asumió la Presidencia el 11 de marzo, comenzó con algo que todo gobierno necesita: crédito político. Cadem llegó a situar su aprobación inicial en torno al 57% y Pulso Ciudadano lo hizo debutar con 47,5%. Cinco meses después, ese escenario cambió sustancialmente. Cadem registra actualmente 41%, Criteria 35% y Pulso Ciudadano llegó a medir 25,6%.

    Las cifras son diferentes porque las encuestas utilizan metodologías distintas. Lo importante, por lo tanto, no es escoger el número que más convenga políticamente, sino observar la dirección que muestran las series.

    Y esa dirección es inequívoca: el apoyo inicial se redujo.

    En Pulso Ciudadano la trayectoria es especialmente gráfica. Kast pasó de 47,5% en marzo a 29,1% en abril, 31,2% en mayo, 30,1% en junio, 28,9% en julio y 25,6% a comienzos de agosto.

    El punto no es afirmar que Kast esté condenado a continuar cayendo. Las encuestas más recientes incluso muestran cierta estabilización o recuperación en algunos estudios. El dato político más significativo es cuán rápidamente desapareció la luna de miel.

    No es todavía el peor gobierno evaluado

    Aquí la historia obliga a poner las cifras en perspectiva.

    Sebastián Piñera llegó a sólo 6% de aprobación en la CEP de diciembre de 2019. Michelle Bachelet había alcanzado 15% durante su segundo mandato y Piñera I llegó a 23%.

    Kast no está ahí.

    Pero tampoco necesita llegar al 6% para tener un problema político.

    Lo relevante será determinar si durante los próximos meses su aprobación logra estabilizarse sobre el 35%-40%, o si comienzan a converger varias encuestadoras por debajo del 30%.

    Ese último escenario sería cualitativamente diferente.

    Porque una cosa es que una encuesta marque ocasionalmente 26% o 29%. Otra muy distinta es que el sub-30 se transforme en el nuevo nivel estructural de apoyo presidencial.

    La economía empieza a pesar

    Y aquí aparece una segunda curva que La Moneda debería mirar con tanta atención como las encuestas.

    El desempleo nacional llegó a 9,4% en el trimestre abril-junio, muy cerca de la barrera psicológica de los dos dígitos. La informalidad laboral alcanzó 27%.

    El Banco Central, además, constató una contracción de 0,3% del PIB durante el primer trimestre y redujo su previsión de crecimiento para 2026 desde un rango de 1,5%-2,5% a sólo 1%-1,75%. La institución también señaló deterioro en algunos fundamentos del consumo, incluyendo mayor desempleo, menor crecimiento de salarios reales y peores expectativas de los consumidores.

    Esto requiere una precisión: Chile no enfrenta una caída de “dos dígitos” del PIB. La variable que está aproximándose al 10% es el desempleo.

    Y políticamente eso puede ser todavía más sensible.

    El PIB es una cifra que aparece periódicamente en los medios. El desempleo, en cambio, entra directamente a los hogares.

    Es alguien que perdió su trabajo.

    Una familia que lleva meses buscando empleo.

    Un joven que no consigue entrar al mercado laboral.

    O alguien que terminó trabajando informalmente.

    Kast recibió apoyo, pero también una exigencia

    Ésa es probablemente la clave para entender estos primeros meses.

    Kast no recibió simplemente adhesión ideológica. Recibió una enorme expectativa de resultados.

    Orden.

    Seguridad.

    Crecimiento.

    Empleo.

    Control migratorio.

    Por eso su apoyo puede ser particularmente sensible a una pregunta muy sencilla que los ciudadanos comienzan a hacerse después de cualquier cambio de gobierno:

    ¿Mi situación está mejorando?

    Las personas no evalúan un gobierno leyendo las Cuentas Nacionales. Lo hacen mirando su trabajo, su salario, el precio de las cosas, la delincuencia de su barrio y sus expectativas sobre el futuro.

    Por eso no basta con que algunos indicadores eventualmente mejoren. El gobierno necesita que esa mejoría sea visible y atribuible a su gestión.

    Lo que viene

    La experiencia chilena también obliga a evitar determinismos.

    Michelle Bachelet cayó durante su primer gobierno hasta cerca de 39% y terminó posteriormente con niveles extraordinariamente altos de aprobación. Las curvas políticas pueden recuperarse.

    Kast también puede hacerlo.

    Las últimas mediciones de Cadem muestran precisamente que determinadas acciones de seguridad pueden generar recuperación: el 16 de agosto su aprobación subió a 41%, en una medición en que el denominado Plan Cancerbero obtuvo una evaluación ampliamente favorable.

    Pero el desafío económico probablemente será más difícil de resolver mediante anuncios.

    Si durante los próximos meses el desempleo se mantiene cerca o sobre 10%, el crecimiento continúa débil y la ciudadanía no percibe mejoramiento en seguridad, Kast corre el riesgo de entrar en la misma zona política que conocieron otros gobiernos antes que él: una Presidencia sostenida principalmente por su electorado más fiel y con dificultades crecientes para recuperar al votante independiente.

    Ese es el verdadero dato que habrá que seguir.

    No si Kast rompe mañana el récord negativo de Piñera.

    Sino algo mucho más inmediato:

    si la pérdida de apoyo de estos primeros cinco meses fue sólo el fin normal de una luna de miel presidencial, o el comienzo de una tendencia mucho más profunda.

  • “¿Se está agotando el crédito del gobierno de Kast?”

    “¿Se está agotando el crédito del gobierno de Kast?”

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    Cinco meses después de asumir, el gobierno de José Antonio Kast ya muestra una tendencia clara: la aprobación cayó con rapidez.

    Cadem lo sitúa en 41%, Criteria en 35%, CEP en 34% y Pulso Ciudadano en 25,6%.

    No es el peor nivel de nuestra democracia, pero sí una erosión muy temprana.

    La economía tampoco ayuda a construir paciencia:

    desempleo en 9,4%, dos trimestres con variaciones negativas del PIB interanual y una inflación en torno al 3,5%.

    Nada de esto condena el futuro de un gobierno, pero la señal es nítida: el apoyo inicial fue alto por las expectativas, y cuando esas expectativas no se cumplen rápido, el respaldo cae.

    El verdadero riesgo no es bajar algunos puntos más, sino que el sub-30 se vuelva la nueva normalidad.

  • CUANDO LA CONSTITUCIÓN PUEDE CONVERTIRSE EN UN INSTRUMENTO DE CONTROL

    CUANDO LA CONSTITUCIÓN PUEDE CONVERTIRSE EN UN INSTRUMENTO DE CONTROL

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    Hay momentos en que una democracia no empieza a perderse con tanques recorriendo las calles, soldados entrando a las universidades ni generales leyendo bandos militares por televisión.

    En el siglo XXI, el deterioro democrático también puede comenzar de una manera mucho más silenciosa: con reformas constitucionales, artículos transitorios, estados de excepción y facultades extraordinarias entregadas al Poder Ejecutivo.

    Ese es el debate que Chile debe mirar con enorme atención.

    El Gobierno de José Antonio Kast ha presentado una reforma constitucional destinada a crear un nuevo estado de excepción para enfrentar amenazas graves contra la seguridad pública.

    Según la propuesta conocida públicamente, el Presidente podría decretarlo por 120 días y prorrogarlo por otros 120, mientras que las extensiones posteriores requerirían la autorización del Congreso.

    No estamos hablando solamente de aumentar patrullajes o desplegar mayores recursos policiales.

    Estamos hablando de facultades que permitirían restringir la libertad de desplazamiento, limitar el derecho de reunión y asociación, intervenir o registrar comunicaciones y requisar bienes.

    Y ahí comienza el problema político de fondo.
    Porque las constituciones no se escriben pensando exclusivamente en el gobernante que ocupa hoy La Moneda. Se escriben pensando también en quien pudiera ocuparla mañana.

    Una democracia responsable jamás debería preguntarse solamente: ¿confiamos en este Presidente?

    La pregunta correcta es mucho más inquietante:
    ¿Estaríamos dispuestos a entregar estas mismas facultades extraordinarias al peor Presidente que pudiéramos imaginar?
    Porque una vez incorporadas determinadas herramientas en la Constitución, dejan de pertenecer políticamente a quien las creó. Quedan disponibles para cualquier Gobierno futuro.

    La historia demuestra que el autoritarismo moderno rara vez se presenta anunciándose como autoritarismo. Generalmente llega invocando una emergencia: seguridad, terrorismo, orden público, estabilidad nacional, enemigos internos.

    Después vienen las restricciones.

    Después aparece la vigilancia.

    Después comienza a confundirse al delincuente con el opositor, al manifestante con el agitador y al descontento social con una amenaza contra el Estado.

    No es necesario imaginar nuevamente las viejas dictaduras militares latinoamericanas para comprender el peligro.

    Existen otras formas de concentración del poder.
    El estalinismo enseñó precisamente hasta dónde puede llegar un Estado cuando convierte la seguridad, la sospecha y la defensa del orden en argumentos para penetrar progresivamente la vida privada y política de sus ciudadanos.

    Chile naturalmente está muy lejos de aquella realidad y sería irresponsable afirmar que esta reforma convierte automáticamente al país en una dictadura. Pero precisamente porque seguimos viviendo en democracia debemos discutir los límites antes de que las facultades excepcionales se normalicen.
    La delincuencia organizada debe enfrentarse con toda la fuerza de la ley.

    El terrorismo debe perseguirse.
    Las policías necesitan herramientas modernas.

    Pero ninguna de esas necesidades obliga a entregar un cheque en blanco al Poder Ejecutivo.
    La seguridad democrática exige controles judiciales efectivos, fiscalización parlamentaria, proporcionalidad, límites temporales estrictos y garantías suficientes para impedir que mecanismos creados contra organizaciones criminales terminen algún día utilizándose contra sindicatos, estudiantes, dirigentes sociales, periodistas, organizaciones territoriales o ciudadanos movilizados.

    Ese es el punto que plantea la imagen de Manouchehri cuando pregunta qué ocurriría si mañana existieran protestas masivas contra el Gobierno.

    La discusión importante no es si Kast utilizaría o no esas facultades contra sus adversarios.
    La discusión verdaderamente democrática consiste en impedir constitucionalmente que cualquier Presidente pueda hacerlo.
    Porque los derechos fundamentales no existen para protegernos solamente cuando todo marcha bien.

    Existen, sobre todo, para protegernos cuando el poder considera incómoda nuestra voz.
    Una Constitución democrática debe ser el muro que contiene al poder.
    Nunca el arma que el poder pueda volver contra sus ciudadanos.

  • KAST Y LAS PYMES: 30 DÍAS PUEDEN SER UNA ETERNIDAD

    KAST Y LAS PYMES: 30 DÍAS PUEDEN SER UNA ETERNIDAD

    Hay decisiones políticas que necesitan cientos de páginas para esconderse. Otras caben en una sola pregunta:

    ¿De qué lado está el Gobierno cuando tiene que elegir entre el pequeño empresario y el poder económico?

    Esta semana tuvimos una respuesta.

    El Gobierno del Presidente José Antonio Kast vetó el artículo 40 de la llamada Megarreforma, una disposición que buscaba hacer efectivo el pago a 30 días, restringiendo los acuerdos que permiten extender las facturas más allá de ese plazo y acortando también los tiempos de pago cuando el propio Estado actúa como comprador. El Senado terminó respaldando el veto presidencial por 20 votos a favor, 17 en contra y 4 abstenciones.

    Parece una discusión técnica.

    No lo es.

    Para una gran empresa, esperar otros treinta o sesenta días puede ser una línea más en una planilla financiera. Para una microempresa, puede significar no pagar los sueldos, postergar proveedores, recurrir al banco, ocupar la tarjeta de crédito o cerrar la cortina.

    La pyme entrega el producto hoy. Presta el servicio hoy. Paga remuneraciones hoy. Paga combustible hoy. Paga IVA, arriendo y cotizaciones hoy.

    Pero puede cobrar después.

    Mucho después.

    Y cuando quien compra es suficientemente grande, aquello que jurídicamente se llama “acuerdo” muchas veces ocurre dentro de una relación económica profundamente desigual. El propio debate del Senado reconoció esa asimetría entre pequeños y grandes empresarios y advirtió que cuando un comprador no paga oportunamente, detrás existen empresas y familias cuya continuidad laboral queda comprometida.

    El Gobierno piensa distinto. Su argumento es que permitir plazos excepcionales constituye una herramienta de financiamiento y que eliminar esos acuerdos podría terminar perjudicando precisamente a las mipymes.

    Es legítimo discutirlo.

    Lo revelador está en el contraste.

    Porque este mismo Gobierno que encuentra inconveniente ponerle un límite más severo al tiempo que una pequeña empresa debe esperar por su propio dinero, no mostró semejante timidez cuando diseñó el corazón tributario de su Megarreforma.

    Allí la decisión fue contundente: rebajar gradualmente el impuesto de Primera Categoría para las empresas del régimen general desde el 27% al 23%. Además, el proyecto contempla invariabilidad tributaria por 25 años para inversiones superiores a US$50 millones. Son medidas que Hacienda defiende argumentando que estimularán inversión, crecimiento y empleo.

    Ahí no hubo miedo a intervenir.

    Ahí no apareció la prudencia de dejar las cosas como estaban.

    Para el gran capital se diseñan certezas tributarias por décadas.

    Para el pequeño comerciante que espera cobrar una factura, se defiende la posibilidad de seguir negociando cuánto tendrá que esperar.

    Esa es la contradicción política.

    Una derecha generosa cuando mira hacia arriba y rigurosa cuando mira hacia abajo.

    Al poderoso se le habla de competitividad, estabilidad, inversión e invariabilidad tributaria.

    Al microempresario se le explica que exigir que le paguen oportunamente podría ser malo para él mismo.

    Extraña economía aquella en que quien debe esperar por su dinero termina siendo presentado como beneficiario de la espera.

    No se trata de enfrentar empresarios contra empresarios. Chile necesita inversión grande, mediana y pequeña. Necesita capital, crecimiento y empleo. Pero justamente por eso necesita entender que una pyme no posee la espalda financiera de una corporación.

    El capital de trabajo de un pequeño negocio no está escondido en una bóveda.

    Está en esa factura.

    Está en esos treinta días.

    Está en el sueldo que vence el viernes.

    Está en el proveedor que llama el lunes.

    Está en la familia que puso sus ahorros en un taller, una panadería, un transporte, un pequeño comercio o una empresa de servicios.

    Por eso resulta difícil no advertir la enorme distancia entre las prioridades.

    Cuatro puntos menos de impuesto para las grandes empresas pueden presentarse como una políti

  • ECONOMÍA CHILENA: DEL CRECIMIENTO EN 2025 A LA CONTRACCIÓN EN 2026

    ECONOMÍA CHILENA: DEL CRECIMIENTO EN 2025 A LA CONTRACCIÓN EN 2026

    La economía chilena mostró un fuerte deterioro al comparar el segundo trimestre de este año con igual período de 2025.

    Según las cifras actualizadas del Banco Central, el PIB creció 3,7% anual en el segundo trimestre de 2025, mientras que entre abril y junio de 2026 cayó 0,2%. Es decir, en doce meses se produjo un cambio de 3,9 puntos porcentuales en el ritmo de actividad.

    La diferencia también aparece en otros indicadores:

    Consumo de los hogares: de +3,4% en 2025 a +1,2% en 2026.
    Demanda interna: de +6,4% a apenas +0,1%.
    Formación bruta de capital: de +17,0% a -3,9%.
    Exportaciones: de +5,4% a -2,1%.
    Minería: de +7,3% a -6,4%.

    El Banco Central señala que la contracción de 2026 estuvo explicada principalmente por la caída de las exportaciones, la reducción de existencias y el retroceso de la minería. El consumo siguió creciendo, pero a un ritmo considerablemente menor.

    La comparación es clara: Chile pasó de una economía que crecía con fuerza a mediados de 2025 a una actividad prácticamente estancada y con variación negativa durante 2026.

    Nota: cuando se publicó originalmente el informe del segundo trimestre de 2025, el crecimiento fue informado en 3,1%; posteriormente el Banco Central revisó esa cifra y actualmente la sitúa en 3,7%.

    CHILE: ECONOMÍA SE CONTRAE 0,2%
    Del crecimiento de 2025 a dos trimestres consecutivos de caída en 2026
    #Chile #Economía #PIB #BancoCentral #CrecimientoEconómico

  • ¿MODERNIZACIÓN DEL ESTADO O UNA NUEVA ETAPA DE REDUCCIÓN DEL EMPLEO Y LOS DERECHOS LABORALES?

    ¿MODERNIZACIÓN DEL ESTADO O UNA NUEVA ETAPA DE REDUCCIÓN DEL EMPLEO Y LOS DERECHOS LABORALES?

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    El Presidente José Antonio Kast acaba de constituir en La Moneda una Comisión Asesora para la Modernización del Empleo Público. Doce expertos tendrán 120 días para proponer cambios al Estatuto Administrativo que regula las relaciones laborales de buena parte de los funcionarios del Estado.

    La composición tiene un elemento políticamente interesante: incorpora incluso a dos exautoridades del Gobierno de Gabriel Boric, Macarena Lobos, exministra de la Segpres, y Heidi Berner, exsubsecretaria de Hacienda, junto a exautoridades de otros gobiernos, académicos y representantes de centros de estudio.

    ¿Modernización? Puede ser necesaria. Pero antes de celebrar el concepto conviene preguntar qué significa exactamente “modernizar”.

    Porque entre los asuntos que están sobre la mesa aparecen temas particularmente sensibles: modificación de plantas, sistemas de evaluación de desempeño, estabilidad laboral, mecanismos de desvinculación, coexistencia de diferentes regímenes contractuales y progresión funcionaria.

    Y esta discusión no ocurre en el vacío.

    Paralelamente, el Gobierno estudia una profunda transformación de la indemnización por años de servicio en el sector privado, avanzando hacia una denominada “indemnización a todo evento”. El propio ministro del Trabajo, Tomás Rau, ha reconocido que trabajadores con muchos años de antigüedad podrían terminar recibiendo menos que bajo el sistema actualmente vigente.

    La explicación vuelve a ser conocida: reducir rigideces, aumentar movilidad laboral y facilitar la contratación.

    Pero Chile tiene hoy un problema muchísimo más urgente: faltan empleos.

    Según el último informe oficial del INE, la desocupación nacional llegó al 9,4%, aumentando desde el 8,9% registrado un año antes.

    Son 980.270 personas desocupadas.

    De ellas, 889.848 son directamente cesantes.

    Entre las mujeres, el desempleo ya está en 10,4%, mientras la informalidad laboral alcanza un preocupante 27%.

    Es decir, Chile está peligrosamente cerca de tener un millón de personas buscando trabajo sin encontrarlo.

    Por eso resulta legítimo preguntarse si el problema central del mercado laboral chileno son realmente las indemnizaciones de los trabajadores y las normas que protegen al funcionario público, o si seguimos esperando que la reducción de costos laborales produzca por sí sola los empleos que la economía no está siendo capaz de generar.

    Hay, además, otro antecedente que no puede ignorarse.

    Durante la campaña presidencial se habló reiteradamente de reducir el tamaño del Estado y fusionar ministerios. Esa idea no desapareció al llegar al Gobierno.

    Hoy existen tres biministros: Claudio Alvarado administra Interior y Segegob; Daniel Mas, Economía y Minería; y Louis de Grange, Transportes y Obras Públicas. El propio oficialismo ha reconocido que esta organización puede constituir un primer paso hacia una futura fusión de ministerios.

    Por eso, la comisión que revisará el Estatuto Administrativo debe ser observada con atención.

    No corresponde anticipar que terminará proponiendo despidos masivos o eliminación de derechos, porque todavía no existe una propuesta final. Pero tampoco sería responsable analizarla como un hecho aislado.

    Cuando simultáneamente se habla de reducir ministerios, consolidar fiscalmente el Estado, modificar las reglas de estabilidad de los funcionarios y reemplazar el sistema de indemnizaciones del sector privado, estamos frente a una orientación política y económica que merece un debate mucho más profundo.

    Modernizar el Estado es necesario.

    Eliminar burocracia inútil, mejorar las evaluaciones, profesionalizar la administración y exigir eficiencia también lo es.

    Pero modernizar no puede convertirse en un eufemismo para hacer más barato despedir, reducir trabajadores o debilitar derechos adquiridos, especialmente cuando el país registra un desempleo de 9,4% y casi un millón de personas se encuentran buscando trabajo.

    La pregunta que debemos hacer ahora es sencilla:

    ¿Esta reforma busca un Estado más eficiente o simplemente un Estado con menos trabajadores?

    La respuesta estará en la letra concreta de las propuestas que esta comisión entregue dentro de los próximos 120 días.

    Y ahí habrá que mirar cada palabra, cada artículo y cada modificación.

    Porque detrás de la palabra “modernización” pueden existir avances necesarios.

    Pero también puede esconderse una reducción de derechos laborales que Chile tiene el deber de discutir de cara a la ciudadanía y, especialmente, con quienes trabajan diariamente al servicio del Estado.

  • Puro humo»: Daniel Matamala cuestiona la estrategia de seguridad del Gobierno de Kast

    Puro humo»: Daniel Matamala cuestiona la estrategia de seguridad del Gobierno de Kast

    Mucho despliegue comunicacional y dudas sobre los cambios de fondo

    La estrategia de seguridad del Gobierno de José Antonio Kast quedó bajo una fuerte crítica luego de la publicación de la columna «Puro humo», del periodista Daniel Matamala, aparecida el 15 de agosto en La Tercera.

    El columnista centra su cuestionamiento en la distancia que, a su juicio, existe entre el discurso con que Kast enfrentó la campaña presidencial y las medidas que su administración ha comenzado a implementar durante sus primeros meses.

    Matamala sostiene que el Gobierno consiguió finalmente instalar la seguridad en el centro de la agenda pública mediante una cadena nacional, la denominada Agenda contra el Crimen Organizado y el Terrorismo (ACOT), reformas constitucionales y un amplio despliegue comunicacional alrededor de los traslados de presos de alta peligrosidad. Su conclusión, sin embargo, es severa: éxito publicitario no necesariamente equivale a efectividad en el combate contra el crimen.

    De una promesa de ruptura a la continuidad de políticas anteriores

    Uno de los principales puntos planteados por Matamala es que durante la campaña Kast ofreció un cambio profundo respecto de la administración de Gabriel Boric, instalando la idea de que hacía falta fundamentalmente un Gobierno con mayor decisión política para enfrentar la delincuencia.

    Cinco meses después de asumir, señala el periodista, parte de las acciones implementadas muestran más elementos de continuidad que de ruptura con las políticas que venían desarrollándose.

    Uno de los ejemplos utilizados es la segregación de presos de alta peligrosidad. Kast anunció inicialmente una reforma constitucional destinada a fortalecer este tipo de medidas, pero posteriormente el propio Gobierno ejecutó traslados hacia módulos de máxima seguridad utilizando las atribuciones actualmente disponibles para Gendarmería.

    La interrogante planteada por Matamala es directa: si esas facultades podían ejercerse bajo la institucionalidad vigente, ¿cuál era entonces la necesidad de presentar previamente una reforma constitucional como requisito para actuar?

    La cárcel presentada como símbolo del cambio venía de gobiernos anteriores

    La denominada Operación Cancerbero, que significó el traslado de cerca de 300 internos de alta peligrosidad hasta el complejo penitenciario La Laguna, en la Región del Maule, estuvo acompañada por una fuerte puesta en escena comunicacional del Gobierno.
    Medios internacionales también destacaron el carácter visual del operativo y sus similitudes con la estrategia comunicacional utilizada por el Gobierno de Nayib Bukele en El Salvador.
    Matamala cuestiona especialmente que el Ejecutivo haya presentado la utilización de esa infraestructura como símbolo de un antes y un después en materia penitenciaria.

    Según recuerda el columnista, el proyecto fue planificado durante el Gobierno de Michelle Bachelet, construido durante la administración de Sebastián Piñera y terminado bajo el Gobierno de Gabriel Boric.

    Desde esa perspectiva, no se trataría de una infraestructura creada por la actual administración, sino de la utilización de una política penitenciaria desarrollada durante varios gobiernos y ahora incorporada a la estrategia comunicacional de Kast.

    De 100 mil nuevas plazas carcelarias a 20 mil
    Otro de los principales cuestionamientos apunta al Plan Cancerbero.

    Durante la campaña presidencial se habló de alcanzar 100 mil nuevas plazas carcelarias en cuatro años, incluyendo la construcción de una megacárcel en el desierto.

    Sin embargo, Matamala señala que esa proyección habría disminuido posteriormente hasta 20 mil nuevas plazas, una reducción considerable respecto del compromiso originalmente levantado en campaña.

    La diferencia resulta políticamente relevante porque la infraestructura penitenciaria fue uno de los ejes centrales utilizados por Kast para marcar distancia con los gobiernos anteriores y presentar una política sustancialmente más dura contra el crimen organizado.

    Reforma constitucional abre una nueva controversia

    La columna también aborda uno de los aspectos más polémicos de la ofensiva de seguridad: el borrador de reforma constitucional que proponía restringir prestaciones sociales para personas condenadas por terrorismo y crimen organizado.

    El texto conocido inicialmente incluía restricciones relacionadas con salud, educación, trabajo y seguridad social durante el cumplimiento de la condena y hasta 15 años después.

    La propuesta provocó cuestionamientos incluso fuera de la oposición. Matamala recuerda las advertencias del senador Matías Walker y de los exministros de Salud Enrique Paris y Karla Rubilar respecto de los efectos sanitarios que podría tener impedir o restringir determinadas prestaciones médicas.

    La controversia obligó posteriormente al propio Presidente Kast a precisar que su Gobierno no pretende dejar sin atención de salud a los reclusos, afirmando que seguirán recibiendo prestaciones esenciales.

    Este episodio revela además una de las dificultades que enfrenta la nueva agenda: transformar anuncios políticamente impactantes en normas jurídicamente aplicables y compatibles con las obligaciones del Estado.

    Seguridad: entre la señal política y los resultados

    El debate planteado por Matamala va más allá de un traslado de presos o de una reforma constitucional.

    El problema de fondo es determinar cuánto de la actual ofensiva gubernamental representa un cambio estructural en la lucha contra el crimen organizado y cuánto corresponde a una estrategia destinada a instalar la percepción de que “la mano cambió”.

    El Gobierno sostiene precisamente esa tesis y ha buscado diferenciar su política de seguridad de la administración anterior mediante nuevos operativos, proyectos legislativos y una presencia pública mucho más visible del Presidente y de sus ministros.

    Pero la efectividad de una política de seguridad no puede evaluarse solamente a partir de cadenas nacionales, imágenes de drones, uniformes penitenciarios o traslados transmitidos por televisión.

    El verdadero examen estará en los resultados: reducción sostenida de homicidios, desarticulación financiera de organizaciones criminales, disminución de secuestros y sicariatos, mayor control penitenciario, persecución del lavado de activos y recuperación efectiva de territorios dominados por bandas.

    Es allí donde, más allá de la batalla comunicacional, deberá demostrarse si la nueva estrategia constituye realmente un cambio estructural o si, como sentencia Matamala, detrás de una puesta en escena políticamente potente existe finalmente «puro humo».

  • “La UDI está tranquila”: Ramírez matiza reticencias a reforma en seguridad y dice confiar que tendrá “amplísimo” respaldo

    “La UDI está tranquila”: Ramírez matiza reticencias a reforma en seguridad y dice confiar que tendrá “amplísimo” respaldo

    Un cambio de tono mostró al término del comité político de este lunes el presidente de la UDI, Guillermo Ramírez, en torno a la reforma constitucional en seguridad que ingresará esta tarde el Ejecutivo al Senado.

    Ayer, el timonel gremialista había condicionado su apoyo a la reforma tras conocerse el borrador de la iniciativa que forma parte de la Agenda contra el Crimen Organizado y el Terrorismo (ACOT). "Lo que se ha dado a conocer por distintos medios de comunicación es una reforma que hoy día nosotros no podríamos apoyar. La razón es que estamos poniendo en la Constitución excepciones a principios generales que al final debilitan la Constitución (…) En las condiciones actuales, la UDI no puede apoyar las reformas constitucionales de seguridad porque dañan la institucionalidad", dijo Ramírez a La Tercera.

    Este lunes, en tanto, a la salida del comité político, el diputado mostró apertura a respaldar el proyecto e incluso dijo estar seguro de que tendrá apoyo en el Congreso. "Salgo muy contento de este comité político. Nosotros teníamos ciertas aprehensiones respecto de las reformas constitucionales, de la forma en que se estaban fraguando. Creo que cuando mañana el gobierno presente las reformas constitucionales en el Congreso, va a recibir un amplísimo apoyo", partió diciendo.

    El timonel agradeció las gestiones del ministro de Seguridad, Martín Arrau, destacando que "es un ministro que escucha, que es un ministro abierto a trabajar en equipo. Esas cosas son fundamentales para que podamos avanzar en una agenda que todos compartimos, que es una agenda de seguridad que tiene que ser profunda, que va a tener normas muy polémicas que nosotros compartimos, que va a dejar muy en claro a los chilenos que la mano está cambiando y ha cambiado".

    Si bien Ramírez descartó adelantar los contenidos de la reforma, "pero lo que puedo decir es que la UDI hoy está tranquila y que creemos que el proyecto que se va a presentar mañana va a contar con un apoyo amplísimo en el Congreso, en las dos cámaras".

    Consultado por si estarán los votos de la UDI para apoyar la reforma, Ramírez subrayó que "estamos contentos, tranquilos, y que yo estoy seguro que la reforma que se va a presentar mañana va a tener un amplísimo apoyo, y podemos volver a conversar cuando se conozca el texto mañana para responder derechamente a su pregunta, que yo creo que se intuye cuál es la respuesta".