Magallanes no es una zona gris: la historia obliga a mirar con atención

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Y existe un antecedente demasiado reciente para ignorarlo. En junio de 2024, una instalación de la Armada Argentina en el Hito 1 de Tierra del Fuego dejó parte de sus paneles solares aproximadamente tres metros dentro de territorio chileno. Argentina reconoció oficialmente el error, presentó excusas y posteriormente retiró la estructura. Conviene precisar que este episodio no ocurrió en una base chilena en la Antártica, sino en la frontera austral de Tierra del Fuego.

La historia también aconseja prudencia. Chile y Argentina estuvieron peligrosamente cerca de un enfrentamiento armado en 1978 por el conflicto del canal Beagle y las islas Picton, Nueva y Lennox. La intervención de la Santa Sede, impulsada por el papa Juan Pablo II, abrió el camino de la mediación que permitió evitar la guerra. Finalmente, el Tratado de Paz y Amistad de 1984, firmado en el Vaticano, estableció una solución definitiva para el diferendo austral y reafirmó el compromiso de ambos países de resolver sus controversias por medios pacíficos.

Por eso, defender una buena relación con Argentina no significa minimizar señales que afectan asuntos de soberanía. Chile y Argentina comparten miles de kilómetros de frontera, intereses antárticos, rutas marítimas estratégicas y una historia que demuestra cuánto se puede perder cuando la diplomacia llega demasiado tarde.

El Estrecho de Magallanes no es solo un territorio: es una llave bioceánica de enorme valor estratégico. La amistad entre los pueblos se fortalece con cooperación, pero también con fronteras claras, respeto a los tratados y una defensa inequívoca de la soberanía nacional.

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