La vida cotidiana en el campo de la Región de Aysén depende en gran medida del soporte técnico y financiero del INDAP. Sin embargo, la reciente Jornada de Alineamiento Estratégico del instituto, clave para definir el rumbo de la pequeña agricultura entre 2026 y 2030, se realizó en Puerto Montt, lejos de las necesidades y la voz de los productores patagónicos.
El objetivo declarado por el INDAP es fortalecer la presencia territorial y avanzar en la implementación de esta estrategia que abarca desde Ñuble hasta Magallanes. No obstante, tomar decisiones que afectan los servicios y el desarrollo de los agricultores de la zona más austral del país sin generar instancias de participación local en Aysén plantea una contradicción entre el discurso territorial y la práctica institucional.
La planificación cubre un período crucial (2026-2030) para el mundo rural, pero la información disponible solo detalla el objetivo general del encuentro, sin especificar de qué manera se abordarán los problemas concretos de conectividad, acceso a insumos o comercialización que enfrentan a diario los habitantes de la región.
Es llamativo que una estrategia que pretende abarcar hasta Magallanes se alinee en una ciudad del norte de la macrozona sur, omitiendo la visión de quienes viven en el extremo. Esta omisión deja en evidencia que las prioridades para el mundo rural patagónico aún no se definen desde el territorio mismo, sino desde oficinas a cientos de kilómetros de distancia.
Lo que falta resolver es cómo se traducirá este alineamiento en mejoras reales para la seguridad alimentaria y los derechos de los campesinos de Aysén. Sin una hoja de ruta clara y con participación vinculante de la comunidad local, la promesa de fortalecer la presencia territorial corre el riesgo de quedar en un anuncio vacío, mientras la información completa sobre estos cambios se deriva a medios externos de otras regiones, según se mencionó en Diario Regional Aysén.

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