En 1971, Fidel Castro visitó el Chile de Salvador Allende. Su presencia no fue solo diplomática: representaba una corriente política internacional que influyó en el clima ideológico de la época.
Hoy, en otro contexto y desde el extremo contrario, Javier Milei llega al Chile de José Antonio Kast como referente de una nueva derecha latinoamericana, junto a figuras como Bukele y sectores agrupados en torno al Foro Madrid.
No se trata de decir que Castro y Milei sean iguales, ni que Allende y Kast lo sean. La comparación está en otra parte: ambos líderes extranjeros simbolizan proyectos políticos capaces de reforzar, legitimar y tensionar procesos internos en Chile.
Milei lo hace con estridencia, confrontación y espectáculo. Kast, en cambio, parece avanzar con un estilo más silencioso, institucional y gradual.
Y ahí está el verdadero debate.
Porque los cambios profundos no siempre llegan con gritos. A veces llegan lentamente, por leyes, presupuestos, nombramientos y decisiones que van cambiando el sentido del Estado.
La pregunta para Chile no es cuánto tiempo estará Milei, sino qué ideas, alianzas y formas de poder puede ayudar a consolidar su presencia.
DOS ÉPOCAS, UNA MISMA PREGUNTA

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