Keiko recibe también el pesado legado de su padre, Alberto Fujimori, condenado por corrupción y violaciones de derechos humanos. Durante su gobierno se ejecutó la Operación Chavín de Huántar para liberar a los rehenes de la residencia del embajador de Japón —no de la embajada—. Los catorce integrantes del MRTA murieron en el operativo y posteriormente surgieron denuncias sobre posibles ejecuciones extrajudiciales.
Aunque en la era digital,no existan registros para afirmar que Fujimori, apareció sobre un bus que trasladaba a los rehenes; la memoria colectivos sí existe para recordar las transmisiones en vivo que mantuvo en vilo a los televidentes de aquella escenas cinematograficas en el Perú, quien convirtió el rescate en una poderosa puesta en escena política y comunicacional.
Hoy vuelve el “estilo Fujimori”: orden, mano dura, cámaras y una fotografía triunfal. Pero en países donde los gobiernos caen antes de terminar sus discursos, conviene recordar una vieja fatalidad latinoamericana: todo poder que comienza torciendo la historia suele terminar atrapado entre sus propias ruinas.

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