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  • EL VOTO “NO BARATO” DE KUSANOVIC TERMINA BAJO PERITAJE

    EL VOTO “NO BARATO” DE KUSANOVIC TERMINA BAJO PERITAJE

    A pocos días de haber entregado su voto a la megarreforma económica del Gobierno, el senador de derecha Alejandro Kusanovic aparece ahora en el centro de una investigación mucho menos favorable para su imagen política. El parlamentario que en mayo advirtió públicamente que su voto “no será barato”, que acusó deslealtades y exigió compensaciones para Magallanes, terminó respaldando las normas esenciales de una reforma que rebaja impuestos a las grandes empresas y asegura condiciones tributarias especiales para los grandes inversionistas. Su voto finalmente tuvo destino: terminó dentro de los 26 apoyos que permitieron al Gobierno aprobar en el Senado el corazón de la megarreforma.

    Pero mientras el oficialismo celebraba aquel voto decisivo, la Fiscalía Regional de Magallanes ya investigaba una denuncia por presuntas devoluciones forzadas de sueldo de un antiguo funcionario parlamentario. Este viernes, la investigación dio un paso de alto impacto: con autorización judicial, la PDI ingresó a las oficinas y al domicilio del senador e incautó teléfonos celulares y computadores, tanto de Kusanovic como de su jefe de gabinete. La denuncia sostiene que un trabajador habría debido devolver mensualmente $500.000 de su remuneración y solventar gastos de la oficina parlamentaria.

    El denunciante calcula las entregas en cerca de $23 millones y asegura haber aportado transferencias, depósitos y conversaciones de WhatsApp. Kusanovic debe ser considerado inocente mientras no exista una sentencia judicial. Sin embargo, políticamente la contradicción es evidente: quien proclamaba que su voto no era barato deberá explicar ahora por qué la Fiscalía investiga si parte del sueldo de un trabajador habría regresado, presuntamente, al entorno de su propia oficina.

    La megarreforma aún espera superar su último escollo legislativo. Mientras tanto, uno de los votos que ayudó a sostenerla quedó rodeado de computadores incautados, teléfonos bajo peritaje y preguntas que ya no pueden responderse con negociaciones políticas. El senador puso precio político a su voto.

    Ahora será la justicia la que deberá determinar si en su oficina también existieron otras cuotas. Nota: La existencia de diligencias e incautaciones no acredita responsabilidad penal. Los hechos denunciados están siendo investigados y pueden ser descartados por el Ministerio Público o los tribunales.

  • En la puerta del horno se quema la Megarreforma

    En la puerta del horno se quema la Megarreforma

    La política también tiene sus supersticiones, y una de las más antiguas aconseja no celebrar antes de contar los votos. Sin embargo, el Gobierno parecía dispuesto a inaugurar la fiesta cuando todavía faltaba cerrar el escrutinio. La llamada Megarreforma estaba anunciada como una victoria inevitable, pero terminó detenida a centímetros de la meta: en la puerta del horno y por falta de un solo voto.

    La escena revela algo más profundo que un simple tropiezo parlamentario. El Gobierno de ultraderecha, que llegó prometiendo orden y seguridad, aún no consigue exhibir una estrategia coherente en esa materia. En cambio, sí impulsó el denominado plan Quiroz, introducido bajo la apariencia discreta de una iniciativa miscelánea, como si una transformación de gran alcance pudiera pasar inadvertida entre disposiciones secundarias.

    Pero el disfraz duró poco. Lo que se presentaba como un conjunto de ajustes técnicos terminó expuesto como una operación política mucho más ambiciosa. La maniobra fue descubierta, discutida y finalmente frenada cuando sus promotores ya parecían posar para la fotografía de la victoria.

    La ironía es difícil de ignorar: quienes hicieron campaña denunciando improvisaciones terminaron improvisando una mayoría; quienes prometieron transparencia intentaron esconder una reforma de fondo dentro de un envoltorio legislativo; y quienes proclamaban tener el control descubrieron, en el momento decisivo, que les faltaba precisamente aquello que daban por asegurado. No fue solo una derrota numérica. Fue también una derrota del exceso de confianza y de esa costumbre tan arraigada en el poder de confundir los deseos con los hechos.

    Las reformas importantes requieren debate abierto, fundamentos sólidos y legitimidad democrática; no nombres grandilocuentes, atajos reglamentarios ni celebraciones organizadas antes del último voto. Al final, la Megarreforma no fue vencida por una multitud, sino detenida por una ausencia. Y en aquella jornada, con un aire digno del realismo mágico latinoamericano, el poder descubrió que un solo voto podía pesar más que todos sus discursos, mientras el olor de la victoria anticipada se convertía lentamente en olor a ceniza.