Etiqueta: Manuel Guerra

  • La red de poder que vuelve a cercar a Andrés Chadwick

    La red de poder que vuelve a cercar a Andrés Chadwick

    Una investigación de Reportea.cl, basada en más de 12 mil páginas de conversaciones de WhatsApp incorporadas por la Fiscalía de Arica, destapa la red de poder que Luis Hermosilla y Andrés Chadwick habrían tejido para influir en causas judiciales, nombrar altos cargos del Poder Judicial y obtener ventajas personales. Los chats, que involucran al exfiscal Manuel Guerra, revelan un entramado que va desde el sobreseimiento de Santiago Valdés —exejecutivo de la campaña de Sebastián Piñera— hasta la contratación de Guerra en la Universidad San Sebastián con una remuneración superior a los $6 millones mensuales.

    Según la investigación, en abril de 2018 Hermosilla y Chadwick coordinaron gestiones para que Manuel Guerra no recurriera el sobreseimiento de Valdés, investigado por facturas vinculadas al financiamiento ilegal de campañas. Minutos después de que Guerra decidiera no impugnar, pidió ayuda a Hermosilla para conseguir trabajo. Los chats muestran que Chadwick seguía de cerca la causa y que Hermosilla actuaba como intermediario usando Telegram para las comunicaciones más reservadas.

    Pero la red no se limitó a cerrar investigaciones. Reportea documentó la influencia en nombramientos de más de 40 postulantes, de los cuales al menos 21 lograron los cargos, incluyendo tres ministros de la Corte Suprema —Ángela Vivanco, Mario Carroza y Jean Pierre Matus—, tres ministros de la Corte de Apelaciones de Santiago, abogados integrantes y el exdirector nacional de la Defensoría Penal Pública, Carlos Mora Jano, a quien Hermosilla describió como “totalmente nuestra”. También se mencionan gestiones para favorecer a Patricia Manríquez, quien finalmente fue nombrada titular de la 48.ª Notaría de Santiago.

    La arista que vincula a la Región de Aysén surge a partir de supuestos pagos relacionados con nombramientos de conservadores de Bienes Raíces. Según declaraciones publicadas por CIPER, el abogado Eduardo Lagos afirmó que la senadora Loreto Carvajal habría recibido $300 millones para intervenir en el nombramiento de Yamil Najle como conservador de Chillán. Aunque la afirmación no ha sido probada judicialmente y la parlamentaria lo niega, los investigadores buscan establecer conexiones con pagos sospechosos y la proliferación de causas que quedaron en manos de la Fiscalía Regional de Aysén.

    Los chats también contradicen declaraciones de Chadwick, quien aseguró no recordar reuniones privadas con Guerra. Sin embargo, el exfiscal reconoció haber participado en “cinco o seis” encuentros junto al exministro. La antigüedad de los hechos —algunos de 2016 y 2017— hace urgente que las investigaciones avancen: la sobrecarga laboral de la Fiscalía no puede convertirse en excusa para que la impunidad se consolide. La gran incógnita sigue en los mensajes de Telegram de Hermosilla, que aún no han sido recuperados. Si las conversaciones de WhatsApp ya exponen una trama de corrupción de tamaña magnitud, ¿qué espera en las comunicaciones que sus protagonistas creían más seguras?

  • Los chats que vuelven a abrir la puerta de la trama político-judicial en Chile

    Los chats que vuelven a abrir la puerta de la trama político-judicial en Chile

    Las nuevas conversaciones entre Luis Hermosilla y Andrés Chadwick revelan gestiones sobre causas sensibles para el entorno del expresidente Sebastián Piñera, mientras el Congreso mantiene trabas para seguir con mayor rapidez la ruta del dinero en delitos económicos. La incorporación de más de 12 mil páginas de conversaciones entre el abogado Luis Hermosilla y el exministro del Interior Andrés Chadwick a la investigación contra el exfiscal Manuel Guerra vuelve a iluminar una zona oscura del poder chileno: la relación informal entre autoridades políticas, fiscales, abogados influyentes y grandes intereses económicos.

    Los mensajes, respaldados desde el teléfono de Hermosilla, muestran que ambos utilizaban WhatsApp y Telegram para conversar sobre investigaciones vinculadas con figuras del piñerismo.

    De acuerdo con los antecedentes publicados, parte de las comunicaciones más delicadas alojadas en Telegram todavía no habría sido periciada por el Ministerio Público.

    Uno de los intercambios más reveladores se produjo cuando Hermosilla consultó a Chadwick si podía intervenir en una causa relacionada con Santiago Valdés, exadministrador electoral de Sebastián Piñera. La respuesta atribuida al exministro fue tan breve como inquietante: “Bueno, ¿cuánto?” La frase, considerada dentro del contexto completo de los mensajes, instala legítimas preguntas sobre el sentido de aquella gestión, el eventual costo mencionado y la naturaleza de las intervenciones que se solicitaban desde los círculos más cercanos al poder.

    Una red situada entre La Moneda, la Fiscalía y los grandes estudios jurídicos Los chats no constituyen por sí solos una condena judicial. Sin embargo, describen un sistema de comunicaciones y gestiones privadas mediante el cual se seguían causas especialmente sensibles para el entorno político y empresarial del segundo gobierno de Sebastián Piñera. El exfiscal Manuel Guerra ya había quedado bajo investigación después de conocerse conversaciones en las que habría entregado o comentado información relacionada con causas como Penta, SQM y otras investigaciones económicas.

    Durante ese período, Hermosilla se desempeñaba como un asesor jurídico de enorme influencia y mantenía una estrecha relación profesional con Chadwick.
    Los antecedentes conocidos hasta ahora permiten plantear una cuestión institucional más amplia: ¿hasta dónde llegaba la capacidad de determinados operadores para obtener información, influir en decisiones o anticiparse a las actuaciones de la justicia? La respuesta deberá establecerla la Fiscalía y, eventualmente, los tribunales.

    Pero el problema político ya está instalado. Cuando ministros, fiscales, abogados y empresarios aparecen comunicándose informalmente respecto de investigaciones en curso, la ciudadanía tiene derecho a exigir que se determine si se trataba de simples consultas profesionales o de un posible circuito de tráfico de influencias. El poder político protege sus conversaciones y también la ruta del dinero Este nuevo capítulo aparece mientras Chile continúa discutiendo las dificultades para acceder oportunamente a información bancaria en investigaciones sobre crimen organizado, corrupción y lavado de activos.

    La Cámara de Diputadas y Diputados había aprobado una norma que permitía a la Unidad de Análisis Financiero solicitar directamente antecedentes bancarios en tres situaciones delimitadas: cuando el reporte proviniera de un banco, involucrara a un funcionario público o estuviera relacionado con una persona jurídica.

    Sin embargo, la disposición fue rechazada en el Senado y enviada a comisión mixta. El actual Gobierno también ha defendido que el levantamiento continúe sujeto a una autorización judicial, argumentando que el acceso administrativo podría generar abusos o actuaciones discrecionales.

    La discusión no puede reducirse a una falsa elección entre privacidad e investigación penal. El verdadero desafío consiste en establecer controles estrictos, trazabilidad y sanciones, pero también procedimientos suficientemente rápidos para impedir que los dineros sospechosos desaparezcan antes de que el Estado pueda seguirlos. Casos recientes han demostrado que las organizaciones dedicadas al lavado pueden mover enormes cantidades de dinero mientras las instituciones todavía tramitan autorizaciones.

    La investigación conocida como Operación Tokio detectó una red vinculada al Tren de Aragua que habría blanqueado alrededor de US$85 millones, incluso con la presunta colaboración de funcionarios bancarios.
    ¿Un Congreso legislador o una bolsa de intereses privados?
    No existen antecedentes judiciales suficientes para afirmar que en el Congreso opere literalmente una “bolsa de comercio” destinada al lavado de dinero pero está la sospecha instalada de un buen tiempo a esta parte…

    Presentarlo como un hecho probado sería irresponsable. Pero la metáfora refleja una sospecha política que crece cada vez que aparecen parlamentarios defendiendo intereses empresariales, autoridades relacionadas con operaciones financieras, sociedades cruzadas, financiamiento irregular de campañas o redes de abogados capaces de moverse simultáneamente entre el poder político, los negocios y el sistema judicial.

    El Congreso debe transparentar los conflictos de interés, las participaciones societarias, los vínculos económicos y las gestiones realizadas en representación de terceros.

    También debe explicar por qué una parte de la política parece más rápida para proteger el secreto de las cuentas que para garantizar que la Fiscalía y la Unidad de Análisis Financiero puedan seguir eficazmente el dinero de la corrupción. La pregunta de fondo no es solamente quién escribió determinado mensaje o quién pidió intervenir en una causa.

    Es qué estructura de poder permitía que esas solicitudes parecieran habituales y posibles.

    El delito de cuello y corbata también amenaza la democracia Durante años, el debate sobre seguridad se ha concentrado en los delitos cometidos en las calles. Sin embargo, las operaciones realizadas desde oficinas, estudios jurídicos, directorios empresariales o despachos públicos pueden provocar daños económicos e institucionales mucho mayores.

    El tráfico de influencias, el cohecho, la corrupción y el lavado de activos no siempre utilizan violencia visible.

    Se desarrollan mediante contactos privilegiados, información reservada, favores, nombramientos y movimientos financieros difíciles de rastrear.

    Los nuevos chats deben ser periciados íntegramente y sometidos a una investigación independiente, sin privilegios derivados de cargos anteriores, apellidos, amistades ni pertenencias políticas.
    Cada una de las personas mencionadas conserva su presunción de inocencia, pero esa garantía no puede transformarse en impunidad ni en una excusa para impedir que se investigue.

    Los ciudadanos, necesita conocer no solo el contenido completo de las conversaciones, sino también qué gestiones se realizaron después de cada mensaje, quiénes se beneficiaron y qué movimientos económicos acompañaron esas decisiones.
    Porque cuando los poderosos parecen tener acceso directo a fiscales, ministros y autoridades, mientras la ciudadanía debe esperar años para obtener justicia, el problema deja de ser un simple intercambio privado: se convierte en una crisis de igualdad ante la ley.