Etiqueta: EL

  • CALISTO ENCONTRÓ EL BOTÓN DE PAUSA, PERO NO EL DE “CASO CERRADO”

    CALISTO ENCONTRÓ EL BOTÓN DE PAUSA, PERO NO EL DE “CASO CERRADO”

    Pero cuidado con los titulares triunfalistas: el TC no declaró inocente al senador, no acogió el fondo de su reclamo y tampoco estableció que se haya vulnerado su derecho a defensa. Por ahora, solo apretó el botón de pausa mientras decide si el requerimiento cumple siquiera con los requisitos para ser admitido. En otras palabras: no hubo absolución, sino una escala técnica en el largo itinerario judicial del parlamentario.

    La maniobra dejó sin efecto la audiencia programada para este lunes 27 de julio en Coyhaique, donde se discutirían nuevas diligencias solicitadas por la defensa, luego de que la investigación fuera reabierta por 60 días. Así funciona la política cuando los problemas llegan a tribunales: primero se habla de transparencia, después se presentan recursos, y finalmente se celebra una suspensión provisional como si fuera una sentencia absolutoria. Mientras tanto, la acusación de la Fiscalía por un presunto fraude al fisco superior a los $100 millones y la petición de 12 años de presidio siguen formando parte del proceso.

    Calisto conserva, como toda persona, su presunción de inocencia hasta que exista una sentencia definitiva. Por ahora, el senador no salió del laberinto judicial: simplemente consiguió que apagaran el cronómetro por un momento.

  • EL VOTO “NO BARATO” DE KUSANOVIC TERMINA BAJO PERITAJE

    EL VOTO “NO BARATO” DE KUSANOVIC TERMINA BAJO PERITAJE

    A pocos días de haber entregado su voto a la megarreforma económica del Gobierno, el senador de derecha Alejandro Kusanovic aparece ahora en el centro de una investigación mucho menos favorable para su imagen política. El parlamentario que en mayo advirtió públicamente que su voto “no será barato”, que acusó deslealtades y exigió compensaciones para Magallanes, terminó respaldando las normas esenciales de una reforma que rebaja impuestos a las grandes empresas y asegura condiciones tributarias especiales para los grandes inversionistas. Su voto finalmente tuvo destino: terminó dentro de los 26 apoyos que permitieron al Gobierno aprobar en el Senado el corazón de la megarreforma.

    Pero mientras el oficialismo celebraba aquel voto decisivo, la Fiscalía Regional de Magallanes ya investigaba una denuncia por presuntas devoluciones forzadas de sueldo de un antiguo funcionario parlamentario. Este viernes, la investigación dio un paso de alto impacto: con autorización judicial, la PDI ingresó a las oficinas y al domicilio del senador e incautó teléfonos celulares y computadores, tanto de Kusanovic como de su jefe de gabinete. La denuncia sostiene que un trabajador habría debido devolver mensualmente $500.000 de su remuneración y solventar gastos de la oficina parlamentaria.

    El denunciante calcula las entregas en cerca de $23 millones y asegura haber aportado transferencias, depósitos y conversaciones de WhatsApp. Kusanovic debe ser considerado inocente mientras no exista una sentencia judicial. Sin embargo, políticamente la contradicción es evidente: quien proclamaba que su voto no era barato deberá explicar ahora por qué la Fiscalía investiga si parte del sueldo de un trabajador habría regresado, presuntamente, al entorno de su propia oficina.

    La megarreforma aún espera superar su último escollo legislativo. Mientras tanto, uno de los votos que ayudó a sostenerla quedó rodeado de computadores incautados, teléfonos bajo peritaje y preguntas que ya no pueden responderse con negociaciones políticas. El senador puso precio político a su voto.

    Ahora será la justicia la que deberá determinar si en su oficina también existieron otras cuotas. Nota: La existencia de diligencias e incautaciones no acredita responsabilidad penal. Los hechos denunciados están siendo investigados y pueden ser descartados por el Ministerio Público o los tribunales.

  • EL GOBIERNO QUE REMA HACIA ATRÁS: ATRAPADO EN SUS PROPIAS REDES: RENUNCIA SUBSECRETARIO DE HACIENDA

    EL GOBIERNO QUE REMA HACIA ATRÁS: ATRAPADO EN SUS PROPIAS REDES: RENUNCIA SUBSECRETARIO DE HACIENDA

    Al llamado “Gobierno de Emergencia” se le está acabando la épica antes de terminar de instalarse. El Plan Quiroz pierde credibilidad política y social, la megarreforma enfrenta vientos cada vez más adversos y La Moneda comienza a parecerse a una embarcación cuyos tripulantes abandonan sus puestos mientras el capitán insiste en que todo marcha de acuerdo con la carta de navegación.

    La última escena retrata perfectamente la paradoja: Juan Pablo Rodríguez salió de la Subsecretaría de Hacienda después de que la primera muestra de un segundo examen arrojara resultado positivo en un test de drogas. Él niega consumirlas, atribuye el resultado a un posible error y todavía está pendiente la contramuestra. Esa precisión es necesaria. Pero también es inevitable señalar la contradicción política: el Gobierno que transformó los controles antidrogas en espectáculo público y credencial de superioridad moral terminó atrapando en esa misma red a una de sus autoridades económicas, precisamente cuando Hacienda necesita todas las manos para sostener su tambaleante megarreforma.

    La situación recuerda la antigua leyenda de Zaleuco de Locros, legislador griego que estableció un severo castigo y luego vio cómo la ley alcanzaba a su propio hijo. La enseñanza sobrevivió durante siglos: quien dicta reglas para castigar a los demás debe estar preparado para aplicarlas cuando la transgresión aparece dentro de su propia casa.

    Eso es lo que hoy enfrenta el republicanismo instalado en La Moneda. Un sector que convirtió su religiosidad pública, el orden y el castigo en certificados anticipados de virtud descubre que la moral declamada no inmuniza contra las contradicciones humanas ni reemplaza la responsabilidad política.

    Tampoco puede separarse esta crisis del hombre escogido para conducir la economía: Jorge Quiroz, presentado como la gran cabeza técnica de un Gobierno respaldado por los grupos empresariales más poderosos. Su trayectoria profesional aparece vinculada, como asesor o autor de informes, a empresas investigadas y sancionadas en los casos de colusión de los pollos, las farmacias, el asfalto y las navieras. En la colusión avícola, incluso, los antecedentes judiciales identificaron el llamado “modelo Quiroz” utilizado para estimar demanda y producción.

    A ello se suma el caso MOP-Gate. Gloria Ana Chevesich —entonces ministra en visita, no fiscal— sometió a proceso a Quiroz, quien pasó dos noches en la cárcel de Capuchinos. En 2014, la Corte de Apelaciones de Santiago lo condenó como coautor de fraude al Fisco a 41 días de prisión y al pago de aproximadamente 13 millones de pesos. En 2016, la Corte Suprema lo absolvió. No fue un “perdón”, jurídicamente hablando, sino una absolución; pero políticamente resulta inevitable recordar que quien hoy administra las arcas fiscales estuvo procesado, encarcelado preventivamente y condenado en segunda instancia precisamente por fraude al Fisco.

    El casco gubernamental, mientras tanto, continúa perdiendo piezas: 24 seremis habían dejado sus cargos en menos de 130 días, a los que ahora se agrega otra baja en el corazón del equipo económico.

    El paralelo con el Titanic no consiste en repetir que todo fue culpa de un “acero malo”. La evidencia posterior apuntó también a remaches de hierro frágiles bajo temperaturas extremas. El iceberg produjo la colisión, pero las debilidades de la estructura multiplicaron el daño. En La Moneda ocurre algo parecido: cada renuncia puede parecer un accidente aislado, pero veinticuatro salidas regionales, subsecretarios que abandonan el barco, descoordinación política y una reforma económica a la deriva revelan que el problema no es solamente el temporal. También es la calidad de la estructura con que se construyó este Gobierno.

    Durante un Mundial se hizo famosa la imagen de futbolistas remando juntos para demostrar coordinación y avance colectivo. Aquí sucede exactamente lo contrario: mientras Quiroz intenta remar hacia adelante con su megarreforma, las renuncias, las contradicciones y la soberbia política empujan la embarcación hacia atrás.

    El “Gobierno de Emergencia” prometió orden, autoridad y eficiencia. A cuatro meses de iniciado, ofrece rotación de autoridades, improvisación y una paradoja política difícil de ocultar: levantó redes para atrapar a otros y terminó enredado en ellas.

    No es persecución. No es mala suerte. Es el resultado de gobernar con superioridad moral, fragilidad política y un casco construido para favorecer a los poderosos, pero demasiado débil para resistir sus propias contradicciones.

  • LA URGENCIA ERA EL PAÍS, PERO LA PRIORIDAD FUE HAWÁI

    LA URGENCIA ERA EL PAÍS, PERO LA PRIORIDAD FUE HAWÁI

    ​Se autodenominan el “gobierno de la emergencia”, prometiendo gestión implacable, mano dura y presencia total cuando el país más lo necesita. Pero ante el primer sistema frontal crítico, la retórica se ahogó en el barro de la desconexión centralista. ​Mientras las regiones del norte y centro —con la Región de Coquimbo (la cuarta), Atacama, y zonas interiores severamente golpeadas por inundaciones, desbordes de ríos y compatriotas perdiendo el fruto de su esfuerzo—, el encargado directo de coordinar el despliegue de las Fuerzas Armadas y el orden público no estaba en el puesto de mando.

    Estaba en Hawái. ​Es una contradicción política e institucional inaceptable. Un ministro de Defensa no es un diplomático de adorno; es el eslabón clave en el Estado de Catástrofe.

    Salir del país rumbo a un destino paradisíaco con recursos fiscales en plena crisis climática, escudándose en una “agenda soberana internacional”, no es trabajar: es no saber priorizar lo urgente sobre lo protocolar. ​¿De qué sirve el discurso de la eficiencia y la seguridad si, cuando las regiones se inundan, la máxima autoridad de las FFAA prefiere mirar la emergencia desde el Pacífico Norte? Los habitantes de La Serena, Ovalle, Copiapó y tantas comunas afectadas merecían al ministro en terreno, no justificando su ausencia con soberbia desde la distancia.

    La conducción del Estado se demuestra en las crisis, no en los discursos de campaña. ​#RegiónDeCoquimbo #Atacama #GestiónEnCrisis #PolíticaChile

  • LA CIA MANCHÓ DE SANGRE EL UNIFORME DEL EJÉRCITO DE CHILE

    LA CIA MANCHÓ DE SANGRE EL UNIFORME DEL EJÉRCITO DE CHILE

    ​¿Hasta cuándo nos seguimos tragando el mito del “gran estratega”? La historia oficial nos ha vendido la idea de que Augusto Pinochet fue la mente maestra y el líder indiscutible del golpe de Estado de 1973. Mentira.

    La realidad es mucho más oscura, manipulada desde el extranjero y decidida a última hora entre presiones familiares y traiciones militares. ​Aquí van las verdades incómodas que la historia oficial prefiere ignorar: ​El titiritero extranjero: Pinochet no ideó nada. Los hilos del quiebre institucional en Chile se empezaron a mover en Washington mucho antes de que Salvador Allende siquiera se pusiera la banda presidencial.

    La CIA operó activamente de forma encubierta desde 1970, financiando el caos, el desabastecimiento y la desestabilización para preparar el terreno. El uniforme militar chileno terminó manchado con el dinero y las directrices de la inteligencia norteamericana. ​El ultimátum de Merino: Pinochet no lideró el movimiento; se subió al carro a última hora.

    Fue el Almirante José Toribio Merino quien lo puso en jaque. Ante las dudas y la indecisión de Pinochet, que seguía mostrándose leal a Allende, Merino le entregó un ultimátum con la fecha del alzamiento ya fijada. O se sumaba en ese instante, o el Ejército se quedaba atrás y él asumía las consecuencias.

    ​La presión en el hogar: La decisión final de Pinochet no fue por “patriotismo”, sino por una encerrona familiar. Fue su esposa, Lucía Hiriart, quien terminó de quebrantar su indecisión llevándolo a la habitación donde dormían sus nietos. Bajo la manipulación emocional de que sus vidas corrían peligro bajo el gobierno de la UP, lo empujó a firmar el documento del golpe.

    ​La eliminación de los leales: Para consolidar el poder del golpe orquestado desde las sombras, se desató una carnicería contra los militares que sí respetaban la Constitución. Se conspiró para asesinar al Comandante en Jefe René Schneider en 1970, y más tarde acribillaron al edecán naval de Allende, el Comandante Arturo Araya Peeters. ​La traición máxima a Carlos Prats: La muestra más baja de cobardía fue el asesinato del General Carlos Prats.

    Prats no solo había sido el antecesor de Pinochet, sino el hombre que confió en él y lo recomendó directamente ante Allende para que lo sucediera en el mando del Ejército. ¿El pago por esa confianza? Una bomba instalada por la DINA en el vehículo de Prats en Buenos Aires, que le arrebató la vida a él y a su esposa, Sofía Cuthbert.

    ​Pinochet no fue un héroe ni el cerebro de la caída de Allende; fue el ejecutor de un plan extranjero que, para afianzarse en el poder, persiguió, traicionó y asesinó a sus propios camaradas de armas. ​La historia real no se borra. www.vientopatagon.com

  • LA CIA MANCHÓ DE SANGRE EL UNIFORME DEL EJÉRCITO DE CHILE

    LA CIA MANCHÓ DE SANGRE EL UNIFORME DEL EJÉRCITO DE CHILE

    ​¿Hasta cuándo nos seguimos tragando el mito del “gran estratega”? La historia oficial nos ha vendido la idea de que Augusto Pinochet fue la mente maestra y el líder indiscutible del golpe de Estado de 1973. Mentira.

    La realidad es mucho más oscura, manipulada desde el extranjero y decidida a última hora entre presiones familiares y traiciones militares. ​Aquí van las verdades incómodas que la historia oficial prefiere ignorar: ​El titiritero extranjero: Pinochet no ideó nada. Los hilos del quiebre institucional en Chile se empezaron a mover en Washington mucho antes de que Salvador Allende siquiera se pusiera la banda presidencial.

    La CIA operó activamente de forma encubierta desde 1970, financiando el caos, el desabastecimiento y la desestabilización para preparar el terreno. El uniforme militar chileno terminó manchado con el dinero y las directrices de la inteligencia norteamericana. ​El ultimátum de Merino: Pinochet no lideró el movimiento; se subió al carro a última hora.

    Fue el Almirante José Toribio Merino quien lo puso en jaque. Ante las dudas y la indecisión de Pinochet, que seguía mostrándose leal a Allende, Merino le entregó un ultimátum con la fecha del alzamiento ya fijada. O se sumaba en ese instante, o el Ejército se quedaba atrás y él asumía las consecuencias.

    ​La presión en el hogar: La decisión final de Pinochet no fue por “patriotismo”, sino por una encerrona familiar. Fue su esposa, Lucía Hiriart, quien terminó de quebrantar su indecisión llevándolo a la habitación donde dormían sus nietos. Bajo la manipulación emocional de que sus vidas corrían peligro bajo el gobierno de la UP, lo empujó a firmar el documento del golpe.

    ​La eliminación de los leales: Para consolidar el poder del golpe orquestado desde las sombras, se desató una carnicería contra los militares que sí respetaban la Constitución. Se conspiró para asesinar al Comandante en Jefe René Schneider en 1970, y más tarde acribillaron al edecán naval de Allende, el Comandante Arturo Araya Peeters. ​La traición máxima a Carlos Prats: La muestra más baja de cobardía fue el asesinato del General Carlos Prats.

    Prats no solo había sido el antecesor de Pinochet, sino el hombre que confió en él y lo recomendó directamente ante Allende para que lo sucediera en el mando del Ejército. ¿El pago por esa confianza? Una bomba instalada por la DINA en el vehículo de Prats en Buenos Aires, que le arrebató la vida a él y a su esposa, Sofía Cuthbert.

    ​Pinochet no fue un héroe ni el cerebro de la caída de Allende; fue el ejecutor de un plan extranjero que, para afianzarse en el poder, persiguió, traicionó y asesinó a sus propios camaradas de armas. ​La historia real no se borra.
    www.vientopatagon.com
    vientopatagon Facebook

  • AYSÉN: ENTRE JAUJA, SODOMA Y EL PROCESO

    AYSÉN: ENTRE JAUJA, SODOMA Y EL PROCESO

    En la antigua literatura española se hablaba de la tierra de Jauja como un lugar extraordinario: allí abundaba todo, nadie necesitaba esforzarse y las consecuencias parecían no existir. Con el tiempo, la expresión “esto es Jauja” comenzó a utilizarse para describir aquellos espacios donde algunos actúan como si todo estuviera permitido, los recursos fueran inagotables y nadie tuviera que rendir cuentas.

    A veces, al observar lo que ocurre en Aysén, pareciera que determinados círculos de poder hubieran convertido la región en su propia Jauja.

    Se acumulan denuncias, investigaciones, sospechas sobre el uso de recursos públicos, cuestionamientos a autoridades y procedimientos que se prolongan durante años. Algunas personas abandonan sus cargos; otras continúan ejerciéndolos. Unos aparecen reiteradamente mencionados en causas y controversias, mientras la ciudadanía espera explicaciones comprensibles y resultados concluyentes.

    No corresponde declarar culpable a quien no ha sido condenado. Pero la presunción de inocencia tampoco puede utilizarse como una orden de silencio ni como una excusa para evitar el escrutinio público. Una democracia responsable debe investigar, informar y resolver dentro de plazos razonables.

    Cuando la supuesta Jauja deja de ser solamente el territorio de los privilegios y comienza a instalarse la indiferencia frente al daño causado, aparece una segunda imagen: Sodoma y Gomorra.

    Estas ciudades bíblicas no representan únicamente el libertinaje con el que habitualmente se las relaciona. También simbolizan la soberbia, el abuso, la despreocupación y la incapacidad de escuchar el clamor de quienes exigen justicia. El problema no consiste solamente en que ocurran hechos graves, sino en que una comunidad termine acostumbrándose a ellos.

    Cada nuevo escándalo provoca indignación durante algunos días. Luego llega otro. Las investigaciones se fragmentan, los expedientes crecen y las responsabilidades se diluyen. Lo extraordinario se vuelve cotidiano. La pregunta deja de ser “¿cómo pudo ocurrir esto?” y se transforma resignadamente en “¿qué ocurrió ahora?”.

    Y entonces Aysén deja de parecerse a Jauja o a Sodoma y comienza a adquirir la forma inquietante del mundo de Franz Kafka.

    En El proceso, Josef K. queda atrapado en una maquinaria judicial que no comprende. Desconoce claramente la acusación, no sabe quién toma las decisiones y nunca consigue acceder a una explicación completa. El procedimiento avanza, pero la verdad parece alejarse. La burocracia no conduce necesariamente a la justicia: termina reemplazándola.

    Algo semejante siente una parte de la ciudadanía cuando una denuncia presentada en 2018 sigue generando interrogantes en 2026. Ocho años pueden ser explicados mediante recursos, diligencias, competencias, reaperturas y nuevas aristas. Sin embargo, para la comunidad, ocho años continúan siendo ocho años.

    Lo más perturbador del universo kafkiano es que la severidad no siempre cae sobre quienes poseen mayor poder. La maquinaria puede mostrarse implacable con el ciudadano común y extraordinariamente lenta ante quienes cuentan con influencias, recursos o redes de protección.

    Allí aparece la historia que debe investigarse y documentarse rigurosamente: la de un mecánico que habría terminado privado de libertad porque era necesario encontrar rápidamente a un responsable. Según ese relato, habría sido arrastrado por un procedimiento que apenas comprendía, mientras personas con mayores responsabilidades permanecían fuera del alcance de una sanción o enfrentaban procesos interminables.

    No se debe presentar esa historia como un hecho probado sin revisar el expediente, las resoluciones y la sentencia correspondiente. Pero, de confirmarse, constituiría una imagen profundamente kafkiana: el hombre común aplastado por una justicia que necesita mostrar eficiencia, mientras los poderosos disponen de tiempo, contactos y defensas para prolongar indefinidamente sus causas.

    La verdadera pregunta, por tanto, no es si en Aysén existe justicia. Tribunales, fiscales, defensores y procedimientos existen. La pregunta es otra:

    ¿La justicia actúa de la misma manera, con la misma rapidez y con el mismo rigor frente a todas las personas?

    Porque la justicia que tarda demasiado puede terminar perdiendo su significado social. Una investigación eterna no absuelve ni condena, pero desgasta la confianza pública, debilita la memoria y favorece a quienes esperan que el paso del tiempo convierta el escándalo en olvido.

    Aysén no necesita condenas anticipadas ni acusaciones sin pruebas. Necesita investigaciones independientes, plazos razonables, transparencia y responsabilidades claramente establecidas.

    De lo contrario, seguiremos transitando desde Jauja —donde algunos parecen actuar sin consecuencias— hacia Sodoma —donde la comunidad se acostumbra a la indiferencia— para terminar finalmente en Kafka: atrapados dentro de un proceso interminable, esperando una explicación que nunca parece llegar.
    www.vientopatagon.com vientopatagon.com