El entonces candidato —y hoy presidente— José Antonio Kast prometía con solemnidad: “Los vamos a perseguir, los vamos a encontrar, los vamos a juzgar y los vamos a condenar”.
La frase estaba dirigida a los llamados “adversarios de Chile”, pero, a juzgar por la velocidad de las renuncias, parece que el operativo comenzó dentro del propio Gobierno.
La última sorpresa fue Patricio Ponce Arqueros, seremi de Vivienda y Urbanismo del Maule, cuya renuncia fue aceptada por el ministro Iván Poduje y se hará efectiva el 31 de julio.
Con su salida, ya son 28 seremis que han abandonado sus cargos en menos de cinco meses de administración.
Así que el eslogan podría actualizarse: “Los vamos a nombrar, los vamos a encontrar… y antes de que aprendan dónde queda la oficina, los vamos a renunciar”. O quizás: “Los vamos a perseguir, los vamos a encontrar y… ¡se van a sorprender cuando descubran que eran ellos mismos!”
La situación recuerda la antigua historia atribuida a Zaleuco de Locros, legislador que estableció un severo castigo para el adulterio.
Cuando su propio hijo infringió la norma, no pudo simplemente perdonarlo sin desacreditar su ley: según el relato tradicional, terminó compartiendo personalmente el castigo.
Moraleja: antes de exigir castigos implacables, conviene mirar bien hacia la propia casa. Porque las leyes, las condenas y las frases grandilocuentes parecen estupendas… hasta que comienzan a alcanzar a los hijos, amigos y compañeros de partido.

